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La descarbonización es ahora un imperativo estratégico

BRUSELAS – La invasión rusa de Ucrania ha forzado a la Unión Europea a acelerar el ritmo de nuestra política energética y climática. Dado que el Kremlin ha hecho un uso cada vez mayor de la baza energética como instrumento de influencia política, debemos privarle de esa herramienta de presión mediante la reducción radical de nuestra dependencia de las importaciones de combustibles fósiles procedentes de Rusia.

A la justificación geopolítica de esta necesidad se une el imperativo de abordar la cuestión del cambio climático. En su último informe sobre mitigación, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático subraya la urgencia de esta tarea. Si queremos evitar un aumento catastrófico de las temperaturas mundiales, las emisiones totales de gases de efecto invernadero deben alcanzar su tope máximo en 2025. Además, la transición de la economía en su conjunto a una energía limpia debe gestionarse cuidadosamente de forma que se tengan en cuenta sus inevitables consecuencias sociales y económicas. Ha de ser una «transición justa».

La UE y el Banco Europeo de Inversiones desempeñan un papel fundamental en esta transición. Las inversiones en energías renovables, eficiencia energética y tecnologías innovadoras, como el hidrógeno verde, constituyen herramientas importantes a la hora de hacer frente a la agresión de Rusia y contribuyen a salvar el planeta de la dependencia de los combustibles fósiles. Cada euro que dedicamos a la transición energética dentro de nuestras fronteras es un euro menos en las manos de un poder autoritario que mantiene una guerra agresiva. Cada euro que dedicamos a la energía limpia aumenta nuestra independencia a la hora de tomar nuestras propias decisiones. Cada euro que dedicamos a ayudar a nuestros socios internacionales a acelerar sus estrategias de descarbonización es una inversión en resiliencia y en la lucha contra el cambio climático.

Desde que se produjo la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero, la UE ha acelerado sus planes de transición energética para ayudar a poner fin a la dependencia de Europa de las importaciones de combustibles fósiles de Rusia lo antes posible. Aunque esto no se logrará de la noche a la mañana, los incentivos son ahora mayores que nunca. Lograr la independencia energética es posible mejorando la eficiencia energética, diversificando suministros y aumentando el uso de energías renovables. Este proceso requiere una movilización a todos los niveles, desde los organismos supranacionales hasta los hogares y los individuos.

A este respecto, es preciso tener presentes dos riesgos importantes. En primer lugar, la búsqueda de proveedores alternativos de gas natural, combustible que sigue siendo crítico a corto plazo, no debe someternos a una dependencia a largo plazo que requiera grandes inversiones en infraestructuras de combustibles fósiles. Tal respuesta sería costosa, catastrófica para el planeta y, en última instancia, innecesaria, dadas las opciones más respetuosas con el clima de las que ya se dispone.

En segundo lugar, no debemos cambiar un cuello de botella por otro y pasar de una dependencia excesiva de combustibles fósiles a una dependencia excesiva de los materiales necesarios para la transición ecológica. Estos recursos están muy concentrados en un pequeño grupo de países, y no todos ellos comparten los mismos valores e intereses que tiene la UE. Fortalecer la autonomía estratégica y la resiliencia de la UE debe seguir siendo un objetivo primordial de la transición.

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Europa no puede hacerlo por sí sola. Ganar la batalla contra el cambio climático y hacer frente a la agresión de Rusia son desafíos mundiales que requieren una respuesta global. La guerra del presidente ruso Vladimir Putin ha reforzado la justificación estratégica para que todos los países reduzcan sus importaciones de combustibles fósiles e inviertan más en soluciones energéticas respetuosas con el clima.

Esta es la razón por la que la UE lleva a cabo una amplia diplomacia climática. Queremos animar a otros países a elevar su nivel de ambición climática, y hemos comprometido importantes recursos para trabajar con países socios de modo que también ellos puedan realizar la transición hacia una economía resiliente de cero emisiones. A través del Pacto Verde Europeo y la nueva iniciativa de la UE «Global Gateway», las instituciones de la UE y los Estados miembros están movilizando hasta 300 000 millones de euros (325 000 millones de dólares) de inversión en infraestructuras ecológicas y digitales para hacer frente a las crisis climática, energética y de la biodiversidad.

Por otro lado, el BEI se ha comprometido a apoyar una inversión de 1 billón de euros en acciones en favor del clima y la sostenibilidad medioambiental de aquí a 2030. A través de su nuevo componente de desarrollo «BEI Global», el Banco está trabajando con socios de todo el mundo para movilizar la financiación de proyectos en materia de eficiencia energética, energías renovables y redes eléctricas.

Como parte del esfuerzo conjunto de la UE en el marco del «Equipo Europa», el apoyo del BEI a un futuro de energía limpia abarca desde la inversión en energía solar en Senegal hasta la financiación de guarderías más eficientes desde el punto de vista energético en Armenia. El Banco también ha contribuido a forjar la Asociación para una Transición Energética Justa con Sudáfrica; ha respaldado a la Alianza Solar Internacional con sede en India, que contribuye al desarrollo de la energía solar en 105 países tropicales; y ha firmado un plan integral de gestión del agua y prevención de inundaciones en Argentina.

La UE está preparada para ayudar a la comunidad mundial a poner fin a la dependencia de los combustibles fósiles. La guerra rusa en Ucrania no es una razón para retrasar las inversiones en la acción por el clima. Al contrario, una mayor inversión ecológica nos proporcionará una mayor autonomía estratégica. La descarbonización se ha convertido en un imperativo geopolítico. Hacemos un llamamiento a nuestros socios en los gobiernos de todo el mundo y en las instituciones financieras internacionales a que se sumen a acelerar la financiación de las energías limpias. Alcanzando la neutralidad climática podremos también garantizar la seguridad energética.

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