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Piscicultura asesina

Según las conclusiones de un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, casi la mitad de todo el pescado que se consume en todo el mundo está criado en granjas piscícolas y no capturado en su medio natural. Es probable que ningún consumo de pescado haya aumentado tan vertiginosamente como el del salmón procedente de granjas piscícolas, pues su producción se ha incrementado en casi un 300 por ciento en veinte años.

Sin embargo, el salmón es carnívoro y, para alimentar el voraz apetito de esas legiones de pescado criado en granjas piscícolas, la industria de la piscicultura ha ido prestando atención cada vez más a un pequeño crustáceo comúnmente conocido como krill antártico, pero ésa es una mala noticia para las focas leopardo, los pingüinos de Adelia, las ballenas jorobadas y las ballenas azules y muchas otras especies, porque la mayoría de los microorganismos del ecosistema marino antártico comen krill u otras especies que comen krill.

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El krill, que se encuentra en las aguas frías del océano Austral, constituye un ingrediente principal del aceite y la harina de pescado. Lamentablemente, investigaciones recientes indican que el aumento de la pesca de krill podría poner en peligro el ecosistema antártico. Los representantes de las más importantes naciones pescadoras del mundo, que se reunirán este otoño en Australia, tienen la oportunidad de limitar las capturas de krill, con lo que ayudarían a las especies que necesitan el krill para sobrevivir.

Aunque cada krill puede crecer sólo hasta alcanzar un peso de dos gramos, juntos constituyen una de las especies animales más abundantes en la Tierra. De hecho, el krill forma la mayor acumulación de vida marina, con una biomasa tal vez mayor que la de ningún otro organismo animal multicelular del planeta.

Ese "oro rosado" constituye el núcleo de la red de alimento marino antártico y los predadores del krill que viven en la tierra, como los pingüinos y las focas, son los más vulnerables ante la escasez de krill. Los científicos han descubierto que la demanda de krill ha empezado a superar las existencias en algunas zonas del Atlántico meridional. A consecuencia de ello, los pingüinos y los albatros ya están experimentando dificultades para alimentar sus crías en zonas como, por ejemplo, Georgia del Sur y, sin embargo, está previsto que la pesca del krill aumente.

El océano Austral contiene la mayor población de krill del mundo. Como esta especie tiene tendencia a acumularse en enjambres concentrados, resulta fácil de capturar y ha llegado a ser particularmente atractiva para los intereses comerciales en gran escala. Además, la pesca de krill ha resultado propulsada recientemente por nuevos avances tecnológicos, como, por ejemplo, las bombas de vacío, que permiten a un sólo buque de pesca capturar y elaborar cantidades enormes: hasta 120.000 toneladas métricas por temporada.

Además, la demanda de productos del krill –desde aceite y harina de pescado hasta cremas para la piel y otros cosméticos– ha aumentado en los veinte últimos años. A medida que las poblaciones de peces silvestres siguen disminuyendo, mientras que no deja de aumentar la apetencia mundial de pescado, la presión a la industria de la piscicultura aumentará vertiginosamente. La demanda en aumento de krill, junto con las nuevas capacidades para la obtención de capturas y la elaboración, se han combinado de un modo que el ecosistema antártico podría no soportar.

Pero hay esperanzas. La Convención sobre la conservación de los recursos marinos vivos del Antártico (CCRMVA) fue creada en 1982, como parte del sistema del Tratado Antártico, como reacción ante la preocupación por que la continua pesca no reglamentada socavara la base de la cadena alimentaria del Antártico. La CCRMVA está regida por una comisión de 24 Estados miembros –entre ellos la Argentina, Australia, Chile, el Japón, Noruega, Rusia, Sudáfrica, Corea del Sur, Ucrania, los Estados Unidos y la Unión Europea–, que se reúne anualmente en Hobart (Australia) para examinar las nuevas reglamentaciones de la pesca en relación con las especies marinas del océano Austral.

La CCRMVA ha promovido planteamientos cautelares y respetuosos del ecosistema para la gestión de la pesca, que ahora son fundamentales para el mantenimiento del krill antártico. Aunque anteriormente se tuvieron en cuenta las necesidades de las especies que dependen del krill en grandes zonas del océano Austral, la CCRMVA debe aún subdividir científicamente el límite total de capturas en unidades más pequeñas. Así se pudría evitar la competencia local entre los buques pescadores de krill y las especies que necesitan el krill para vivir, pues la pesca del krill coincide estrechamente con las zonas en las que buscan comida los pingüinos y las focas.

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Los miembros de la CCRMVA deben cumplir el mandato de la organización en materia de conservación y velar por que haya suficiente "oro rosado" para alimentar a los pingüinos y otras especies silvestres que de él dependen. La CCRMVA debe aplicar también a la pesca del krill las mismas medidas de supervisión, control y vigilancia que aplica a todas las demás pesquerías.

No se debe pescar el krill antártico para alimentar las granjas piscícolas del mundo, mientras se mata de hambre a los pingüinos, las focas, las ballenas y otras especies cuya supervivencia depende de esos seres diminutos, pero de importancia decisiva.