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Liberemos el potencial de los mercados africanos de carbono

ABUYA – Uno de los desafíos clave de África para enfrentar el cambio climático es encontrar la manera de financiar la transformación necesaria de las economías del continente. Debido a que el financiamiento climático del Norte Global sigue siendo más una promesa que una realidad, parte de la solución deberá basarse en desbloquear el enorme potencial de los créditos voluntarios de carbono.

Un crédito de carbono es un certificado que representa una tonelada de dióxido de carbono eliminada de la atmósfera (por ejemplo, mediante la plantación de árboles nuevos). En los mercados voluntarios de carbono (MVC), los compradores —que suelen ser corporaciones— adquieren créditos para compensar (o «equilibrar») sus propias emisiones, financiando así proyectos para aliviar las emisiones de carbono.

Por toda África, los responsables de las políticas se están dando cuenta de que los MVC representan una gran oportunidad para acelerar el desarrollo económico sostenible, tanto por su capacidad para atraer financiamiento climático adicional al continente como por la de poner freno a las emisiones de gases de efecto invernadero; pero para aprovechar al máximo la oportunidad habrá que actuar de manera deliberada y esmerada, y esto incluye a los gobiernos africanos.

Por eso nos entusiasma ser parte de una nueva iniciativa que se lanzará este mes en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27). La Iniciativa de Mercados del Carbono de África (Africa Carbon Markets Initiative, ACMI) apoyará el aumento espectacular de la producción de créditos de carbono africanos, garantizando simultáneamente que los ingresos que generen sean transparentes, equitativos y se destinen a la creación de buenos empleos. Es fundamental que los gobiernos africanos solo recurran a créditos de alta integridad vinculados directamente con la descarbonización.

La demanda de MVC (tomando como indicador al retiro de créditos de carbono) prácticamente se cuadruplicó en los últimos cinco años, una tendencia impulsada principalmente por las compras de créditos por empresas para cumplir sus promesas climáticas. La demanda de créditos africanos de carbono también está aumentando, pero la base inicial fue pequeña y el continente solo produce una pequeña proporción de su potencial. Impulsar la oferta de créditos permitirá la realización de inversiones sostenibles muy necesarias, en sectores que van desde la energía renovable y las cocinas limpias hasta la agricultura y la silvicultura.

Conocemos, por nuestra experiencia en el gobierno, el potencial de los mercados de carbono, pero también sabemos que África tendrá que trabajar duramente para aprovecharlo al máximo. En 2016, el gobierno colombiano lanzó la Plataforma para el Mercado Voluntario del Carbono en Colombia (CVCMP) como parte de sus esfuerzos para cumplir las metas climáticas del país. Entre 2016 y 2019, los créditos de carbono colombianos más que cuadruplicaron su tamaño y crearon un mercado de USD 2000 millones, que llevó a la plantación de más de 180 millones de árboles nuevos.

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Pero este mercado no se desarrolló por sí solo. Fue una prioridad del presidente y requirió una extensa coordinación en la sociedad, que incluyó la participación de la Bolsa de Valores de Colombia. Como parte del proceso, Colombia lanzó la primera taxonomía verde latinoamericana de activos financieros.

En África, Nigeria demostró su ambición de convertirse en líder climático regional con la Ley de Cambio Climático 2021 y su promesa de lograr emisiones netas nulas para 2060. En septiembre, el presidente Muhammadu Buhari inauguró el Consejo Nacional de Cambio Climático y su gobierno está comprometido con el uso de los créditos de carbono como herramienta para cumplir las metas climáticas y de desarrollo sostenible de Nigeria. Estimamos que Nigeria podría producir más de 30 millones de toneladas de créditos de carbono al año para 2030 y generar más de USD 500 millones al año.

De todas formas, el naciente mercado de créditos de carbono Africano enfrenta numerosos obstáculos a su crecimiento en muchas partes del continente, debido a la falta de desarrolladores de proyectos capaces de funcionar a escala, un complejo escenario regulatorio, metodologías inadecuadas para valorar y certificar los créditos, y dudas sobre la integridad. Para superar esos obstáculos, la ACMI (de cuyo comité directivo formamos parte junto con otros 11 líderes africanos y expertos en mercados de carbono) aprovechará la COP27 para lanzar una estrategia inicial que considera cada una de las partes del ecosistema de los MVC.

Una de las prioridades clave será la de apoyar a los gobiernos africanos en la implementación de planes nacionales de MVC, tomando como modelo al reciente esfuerzo colombiano. Esos planes procurarán apoyar la producción de créditos de carbono mediante la aclaración de las responsabilidades gubernamentales, la fijación de incentivos de mercado y el establecimiento de normas transparentes para el sector en el contexto de los compromisos de cada gobierno según el acuerdo climático de París. Nigeria será uno de los primeros países en lanzar esos planes, y la meta es aumentar rápidamente el desarrollo de la venta de créditos de carbono.

El punto sobre el acuerdo de París es fundamental, debido a que hubo cierta confusión sobre las normas para los créditos de carbono relacionadas. Para evitar la doble contabilidad, cuando dos países intercambian créditos de carbono, solo uno de ellos puede usar el crédito en sus contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN), el término con el que el acuerdo de París denomina las reducciones de emisiones. Pero con las ventas a las corporaciones extranjeras no hay confusión ni tensiones: los compradores pueden usar los créditos de carbono africanos sin preocuparse por la doble contabilidad.

Creemos que este enfoque está completamente en línea tanto con la letra como con el espíritu de la cooperación internacional relacionada con el cambio climático, debido que el financiamiento de los compradores extranjeros en los MVC proporcionará los recursos que los países africanos necesitan para cumplir sus propias CDN. Sin financiamiento internacional, esas metas climáticas seguirán siendo inalcanzables.

Es cierto, es posible que algunos compradores exijan que los países anfitriones se comprometan a no contabilizar los créditos vendidos en sus CDN (ya sea para demostrar un mayor impacto a sus accionistas o para cumplir con las normas de sus países de origen). En esos casos, los países pueden aplicar una prima al precio. En última instancia, sin embargo, no creemos que esos requisitos vayan a tener un gran impacto sobre el uso voluntario de los créditos de carbono por las corporaciones.

El Comité directivo de la ACMI desea que se retiren 300 megatones de créditos africanos al año para 2030, un nivel 19 veces superior al de 2020. Parece una tarea de enormes proporciones, pero solo requiere que la demanda y la oferta sigan creciendo aproximadamente a la misma tasa que en los últimos años. Para 2050, el Comité desea retirar la impresionante cantidad de 1,5 gigatones de créditos al año, y movilizar un capital de USD 120 000 millones al año. A ese nivel, los mercados de carbono constituirían una gran industria para el continente y podrían crear más de 100 millones de puestos de trabajo.

La ACMI procura eliminar las barreras al crecimiento sostenido de los mercados de carbono. Invitamos a los gobiernos de todo el continente a apoyar esta importante misión.

Traducción al español por Ant-Translation

https://prosyn.org/tGPqYr0es