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El camino a la tarificación de las emisiones de carbono

WASHINGTON, DC – En apenas seis semanas, los líderes mundiales se reunirán en París para negociar un nuevo acuerdo global sobre el cambio climático. Hasta la fecha, 150 países han presentado planes con detalles para que sus economías dependan menos del consumo de carbono. Se trata de la primera generación de inversiones para construir un futuro competitivo sin los peligrosos niveles de emisiones de dióxido de carbono que hoy causan el calentamiento global.

Para hacer la transición a un futuro más limpio será necesario aplicar tanto medidas gubernamentales como incentivos adecuados para el sector privado. Su eje articulador debería ser una sólida política pública que ponga precio a la contaminación por carbono. Elevar los precios de los combustibles, la electricidad y las actividades industriales que requieran el consumo de carbono incentivará el uso de combustibles más limpios, ayudará a ahorrar energía y promoverá una transición a inversiones más ecológicas. Si se adoptan medidas como tasas e impuestos al carbono, programas de comercio de derechos de emisión y otros mecanismos económicos, junto con la eliminación de subsidios ineficientes, las empresas y los hogares tendrán la certeza y la previsibilidad que necesitan para tomar decisiones de largo plazo tendientes a un desarrollo respetuoso del medio ambiente.

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En el Fondo Monetario Internacional nos centramos en reformar los sistemas fiscales de los países miembros a fin de obtener más ingresos por impuestos sobre los combustibles con altas emisiones de carbono y reducir aquellos que afectan negativamente el rendimiento económico, como los gravámenes al trabajo y el capital. La tarificación de emisiones de carbono puede apuntar a la creación de sistemas tributarios más inteligentes y eficientes, en lugar de impuestos más altos.

Los impuestos al carbono deberían aplicarse de manera integral a las emisiones procedentes de combustibles fósiles. El precio debe ser lo suficientemente alto como para lograr objetivos ambientales ambiciosos en consonancia con las circunstancias nacionales, y deben ser estables a fin de que las empresas y los hogares decidan invertir en tecnologías limpias. Su administración es sencilla: puede aprovechar los actuales impuestos al uso de combustibles para transporte por carretera que ya están bien establecidos en la mayoría de los países.

La aplicación de precios al carbono tendrá efectos positivos sobre los intereses superiores de varios países, gracias a los muchos beneficios para el medio ambiente local. Por ejemplo, el uso de combustibles más limpios ayudará a reducir la contaminación del aire que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, causa actualmente cerca de 3,7 millones de muertes prematuras al año.

Es de vital importancia abordar el impacto de las reformas del precio de la energía sobre los grupos vulnerables de cada sociedad, y esto debe hacerse de la mano con ajustes a los sistemas fiscales y de seguridad social, entre otras cosas, para asegurar que no acabe dañando a los menos favorecidos.

El Grupo del Banco Mundial apoya actualmente a países y empresas a medida que desarrollan políticas más ecológicas, invierten en mercados de carbono y exploran innovaciones financieras para facilitar las transiciones a sistemas con menos emisiones. A través de programas como la  Partnership for Market Readiness (PMR), el Grupo está aprovechando su experiencia y su alcance global sobre el aprendizaje y el intercambio de conocimientos.

A partir de dicha experiencia hemos desarrollado en conjunto con la OCDE principios iniciales para ayudar a guiar e inspirar futuros planes de tarificación de las emisiones de carbono. Basándose en ellos, los países, las regiones, los estados y las empresas pueden avanzar más rápidamente para abordar el cambio climático que nos afecta a todos. Los principios se basan en la justicia, la alineación de políticas y objetivos, la estabilidad y previsibilidad, la transparencia, la eficiencia y eficacia en función de los costes, y la fiabilidad e integridad ambiental.

Para poder lograr nuestros objetivos climáticos debemos promover el diálogo sobre las medidas necesarias antes y con posterioridad a la conferencia sobre el cambio climático que se llevará a cabo en París. Por eso estamos anunciando un “Panel sobre Determinación de Precios para las Emisiones de Carbono”, en el que se reunirán jefes de estado, líderes estatales y municipales y representantes de las principales compañías para urgir a los países y empresas de todo el mundo a tarificar las emisiones de carbono.

Estos líderes han adoptado medidas para poner precio a la contaminación por carbono y estimular inversiones más ecológicas en sus propios países y regiones. Entre ellos se encuentran la Canciller alemana Angela Merkel, la Presidenta chilena Michelle Bachelet, el Presidente francés François Hollande, el Primer Ministro etíope Hailemariam Desalegn, el Presidente filipino Benigno Aquino III, el Presidente mexicano Enrique Peña Nieto, el Gobernador de California Jerry Brow y el alcalde Eduardo Paes de Rio de Janeiro.

Más de 40 gobiernos nacionales (incluido el de China, principal emisor del mundo), y 23 ciudades, estados y regiones ya están poniendo en vigor medidas de tarificación de las emisiones de carbono. Muchos otros gobiernos también están reformando los precios de la energía, y más de 400 compañías dicen estar aplicando un precio voluntario e interno para estas emisiones. Tiene sentido, ya que las grandes compañías deben administrar con eficacia la exposición al riesgo climático a fin de generar más utilidades y asegurar un flujo de ganancias más estable.

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Todas ellas son medidas bienvenidas, pero las vemos sólo como pasos iniciales. En conjunto con los líderes del Panel sobre Determinación de Precios para las Emisiones de Carbono, llamamos a los gobiernos a aprovechar la oportunidad -para beneficio del planeta y las generaciones futuras- de poner precio a contaminación por emisiones de carbono de manera que refleje el daño ambiental que causan. Estamos listos para apoyar a los gobiernos que las adopten. Mientras más esperemos, más costoso y difícil nos resultará proteger el planeta, tanto a nosotros como a nuestros hijos y nietos.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen