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El mundo del cáncer

PITTSBURGH – En 1971, el presidente Richard M. Nixon emprendió una “guerra” contra el cáncer, pero casi cuatro décadas más tarde, la batalla sigue centrada en los esfuerzos altamente rentables dirigidos a desarrollar medicamentos y tecnologías para tratar la enfermedad mientras que prácticamente se ignoran los factores ambientales que la causan.

Es cierto que las muertes por cáncer han disminuido principalmente por los esfuerzos, muy demorados y que aún tienen poco apoyo, para reducir el hábito de fumar. Los éxitos en la detección y el tratamiento del cáncer del seno, del colon y cervical también han ayudado.

Aleppo

A World Besieged

From Aleppo and North Korea to the European Commission and the Federal Reserve, the global order’s fracture points continue to deepen. Nina Khrushcheva, Stephen Roach, Nasser Saidi, and others assess the most important risks.

Pero los negros y otras minorías en Estados Unidos –y en otras partes del mundo- no comparten los éxitos, y los factores ambientales aparentemente explican las disparidades. Por ejemplo, mientras que uno de cada ocho estadounidenses es negro, uno de cada tres trabaja en la recolección de basura o como obrero. Además, tienen la mitad del nivel de vitamina D, que protege contra el cáncer, que los blancos y es más probable que vivan en barrios contaminados.

En efecto, los casos de cáncer que no se relacionan con el tabaco o la vejez están aumentando. El cáncer es la principal causa de muerte entre las personas de edad mediana y los niños (después de los accidentes) y no podemos explicar por qué, en la mayoría de los tipos de cáncer, las tasas de mortalidad son más altas para los negros que para los blancos.

Lo que sí podemos decir es que la enfermedad misma es el enemigo equivocado. Más bien, deberíamos concentrarnos en los carcinógenos ambientales conocidos –no sólo el tabaco sino también las radiaciones, la luz solar, el benceno, los solventes y algunos fármacos y hormonas. Los agentes causantes de cáncer modernos como los vapores de diesel, los pesticidas y otros contaminantes del aire no se estudian sistemáticamente. Cuando se les llega a considerar, se juzga que son el precio inevitable del progreso.

Pero la mayoría de los cánceres se hacen, no nacen, y surgen del daño a nuestros genes a lo largo de la vida. A pesar de tener genes extraordinariamente similares cuando nacen, los gemelos no sufren los mismos tipos de cáncer. Para cuando cumplen 50 años, las bandas cromosómicas son profundamente distintas entre sí.

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos confirma que la sangre de los niños actualmente contiene docenas de sustancias químicas que no existían hace veinte años, incluyendo muchos compuestos dañinos para los genes que se sabe que causan cáncer y una multitud de enfermedades. Los hombres y las mujeres en edad reproductiva ahora tienen en sus cuerpos suficientes compuestos que alteran las hormonas para afectar su fertilidad.

Las mujeres expuestas a niveles elevados del pesticida DDT antes de los catorce años tienen 5 veces más probabilidades de tener cáncer del seno cuando lleguen a la mitad de la vida . ¿Podrían esos compuestos tener algo qué ver con las tasas inexplicables y crecientes de cáncer infantil, testicular y linfoma no Hodgkin en el mundo industrial? ¿Debemos esperar hasta que lo sepamos?

Si bien hemos tenido grandes éxitos en evitar que los jóvenes mueran de cáncer actualmente, esos triunfos son como el trato de Fausto. Una de cada tres jóvenes que recibe tratamiento de radiaciones en el pecho para tratar la enfermedad de Hodgkin desarrollará cáncer de pecho antes de los 32 años. Por supuesto, muchos casos de cáncer podrían no haber sucedido en absoluto si estos pacientes no hubieran estado expuestos a otros agentes causantes de cáncer en el medio ambiente. Nuestra dependencia de tantas comodidades modernas hace que seamos objeto de enormes experimentos no controlados para los que nadie nos pide nuestra autorización.

Por ejemplo, la seguridad a largo plazo de los teléfonos celulares sigue sin demostrarse. Los estudios que tanto se difundieron a principios de los noventa y que anunciaban que eran seguros no incluyeron su uso en el ámbito de los negocios. Informes recientes de Francia y Suecia han demostrado que quienes han utilizado teléfonos celulares durante diez o más años tienen el doble de probabilidades de tener cáncer del cerebro. También es preocupante el hecho de que el límite de emisiones de microondas de teléfonos celulares es 500 veces más bajo en Suiza y China que en Estados Unidos.

Un proverbio chino dice que una forma de ver es una forma de no ver.

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La naturaleza limitada de las evidencias sobre algunos de los riesgos ambientales de cáncer no debe confundirse con una prueba de que no ha habido daños: las investigaciones son difíciles de realizar y en Estados Unidos el gobierno y el sector privado financian pocos estudios. Además, la confusión sobre los riesgos ambientales de cáncer también es el resultado de las largas, meticulosas y bien financiadas campañas de desinformación inspiradas por las maniobras de la industria tabacalera.

No podemos darnos el lujo de ignorar las señales de la importancia del medio ambiente para nuestra salud. Para atacar el flagelo del cáncer, debemos complementar los esfuerzos de detección y tratamiento de la enfermedad con nuevas formas de evitar que la gente la contraiga.