El shock petrolero que nunca sucedió

Era de esperarse que los precios del petróleo se fueran a las nubes después del 11 de septiembre debido a la inestabilidad política en Medio Oriente. En cambio, han caído un 30%, a 20 dólares por barril, su nivel más bajo en dos años.

Esta caída se debe a tres causas. Primero, la recesión ha golpeado con fuerza a ciertos sectores que son grandes consumidores de petróleo, como el transporte aéreo, y por ello, la demanda ha disminuido. Segundo, la política de Estados Unidos ha evitado (por lo menos hasta ahora) una confrontación abierta con los países del Golfo Pérsico; y Afganistán, gracias a Dios, no es productor de petróleo. Tercero, Rusia, que está saliendo de su crisis post-soviética, parece estar decidida a seguir aumentando su propia producción, a pesar de un acercamiento reciente con la OPEP.

No obstante, esta caída de corto plazo en los precios del petróleo no debe hacernos perder de vista el problema político de largo plazo: el hecho de que la mayor parte de la producción petrolera actual está concentrada en países gobernados por autocracias que utilizan esos recursos para mantener a regímenes represivos, financiar el consumo extravagante de sus élites y adquirir cantidades espantosas de armamento. La existencia de los enormes ingresos petroleros y su desigual distribución son una fuente constante de inestabilidad interna y agresividad al exterior, como lo ha demostrado la historia reciente de Irak.

Entonces, ¿acaso es nuestro destino que la escasez de petróleo y su concentración en el Medio Oriente sigan siendo el origen permanente de incertidumbre global? No necesariamente. En realidad, en este momento hay una abundancia global de petróleo y gran parte de ella se puede encontrar en uno de los países más estables del planeta: Canadá.

En los últimos 20 años, el costo del petróleo canadiense extraído de depósitos fósiles no convencionales ha caído a más de la mitad, y ahora es de 11 dólares por barril. En 1997, en un estudio realizado por el gobierno de Estados Unidos se calculó que es posible producir más de 500 mil millones de petróleo a partir de fuentes no convencionales (esquisto bituminoso y arena bituminosa) por menos de 30 dólares por barril. Las reservas no convencionales de crudo equivalen a aproximadamente 250 veces las convencionales, y en teoría podrían satisfacer las necesidades energéticas del mundo (a los niveles actuales) durante los próximos 5000 años.

Por el momento, las reservas no convencionales están en gran medida sin explotar porque su precio no resulta competitivo frente al petróleo convencional u otras fuentes de energía, como el gas natural. Tal vez nunca llegue a ser necesario utilizar estas reservas de combustible fósil no convencional, si es que el desarrollo de tecnologías alternativas (como el hidrógeno líquido, por ejemplo), hace que el petróleo resulte obsoleto. No obstante, las reservas no convencionales existen, y si a eso se añade que las reservas convencionales son suficientes para cubrir las necesidades mundiales de consumo durante las próximas décadas, resulta claro que el problema del petróleo no es su escasez. El problema es que actualmente la producción se concentra en una región que es política y económicamente inestable.

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Naturalmente, las reservas petroleras no son infinitas. Sin embargo, no hay razón alguna para pensar que se están haciendo más ''escasas''. De hecho, las innovaciones tecnológicas y los nuevos descubrimientos están reduciendo la importancia del petróleo en los procesos productivos. Los precios del petróleo, ajustados a la inflación, no han aumentado en la última década y, a pesar de todos los ''shocks petroleros'' que han sucedido en el mundo, en promedio, han oscilado alrededor de lo que valen actualmente.

En efecto, las variaciones en los precios del petróleo no reflejan una escasez ''estructural'' de largo plazo, sino que se deben a movimientos de la oferta y la demanda en el corto y mediano plazos. A corto plazo, la demanda de petróleo es ''inelástica'', es decir, reacciona poco a los cambios en el precio, e incluso una reducción pequeña de la oferta genera grandes incrementos en el precio. A mediano plazo, los precios altos conducen a la expansión de la oferta y a la reducción de la demanda, y los precios vuelven a bajar. En ese momento, los países productores (que dependen de sus ingresos petroleros para mantener el consumo, el poder político y sus clientelas) intentan elevar los precios cortando la producción y el ciclo vuelve a comenzar.

Este proceso aumenta la inestabilidad política en los países productores y los arrastra en un círculo vicioso. Cuando los precios del petróleo son altos, esos gobiernos se gastan el dinero en armamento y en palacios faraónicos. Cuando los precios caen, corren el riesgo del descontento popular, golpes de estado, guerras y revoluciones.

En resumen, el mercado del petróleo no tiene un problema de ''escasez'', sino uno de ''volatilidad''. Como señaló Sheik Yamani, exministro saudí para asuntos petroleros, la era del petróleo se acabará tarde o temprano, pero no por falta de petróleo, así como la Edad de Piedra no terminó por falta de piedras.

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