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Un planeta sano necesita a los pueblos indígenas

VANCOUVER – En mayo de 2019, un informe histórico de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas pintó una imagen sombría de la salud de nuestro planeta. Cerca de un millón de especies animales y vegetales —más que nunca en la historia humana— corren el riesgo de extinguirse, muchas en un plazo de décadas. La contaminación prolifera, la degradación de los suelos se acelera y no estamos ni remotamente cerca de lograr las metas mundiales para proteger la biodiversidad y lograr la sostenibilidad.

Pero incluso mientras promocionaban las desesperadas advertencias del informe, los medios dejaron de lado en gran medida otro de sus hallazgos clave: los suelos y aguas que poseen, gestionan y usan los pueblos indígenas y comunidades locales gozan de una salud mucho mejor que el resto. Una creciente cantidad de investigaciones apoya la clara conclusión de que los pueblos indígenas deben desempeñar un papel fundamental para solucionar la crisis de la biodiversidad.

Solo recientemente las discusiones internacionales sobre cuestiones ambientales comenzaron a reconocer el papel de las comunidades indígenas. Durante el último año, los delegados de los 196 estados partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) participaron en innumerables talleres para crear un nuevo acuerdo internacional que fije metas y objetivos comunes para revertir la disminución de la biodiversidad, usar los ecosistemas en forma sostenible y garantizar que se compartan equitativamente los beneficios que nos brindan. Y en sus discusiones más recientes del borrador inicial para el marco de trabajo posterior a 2020, las partes reconocieron la importancia de incluir a los pueblos indígenas en el proceso. Este fue un evidente guiño a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que promueve nuestra participación plena y activa en todas las cuestiones que nos afectan.

Sin embargo, en la práctica, el papel de los pueblos indígenas en las discusiones sobre biodiversidad sigue siendo muy limitado. El segundo encuentro del Grupo de Trabajo Abierto sobre el Marco Mundial para la Diversidad Biológica posterior a 2020, llevado a cabo en Roma en febrero, es un claro ejemplo. Nos sentamos en la parte de atrás de la sala y escuchamos cómo los delegados promocionaban los beneficios del conocimiento de los indígenas para proteger la naturaleza y debatían la legitimidad de nuestros derechos sobre nuestros territorios ricos en biodiversidad. Trabajamos incansablemente para persuadir a las partes para que incluyeran nuestra propuesta en el texto en el registro oficial de la reunión. Aunque en última instancia se lograron ciertos avances, no serán ni remotamente suficientes para solucionar la crisis de la biodiversidad. De hecho, no escuchamos ni una propuesta que aliente el cambio de paradigma que tan desesperadamente necesita nuestro planeta.

En mi carrera anterior como silvicultor en Colombia Británica presencié en forma directa la destrucción que conllevan las prácticas forestales insostenibles, que reflejan un enfoque utilitarista de la naturaleza: el planeta y sus ecosistemas son poco más que una fuente de riqueza material. Este enfoque es repugnante para el conocimiento, la cultura y las leyes indígenas: precisamente los factores que explican nuestros logros superiores en cuanto a la protección ambiental.

La conexión que tienen los pueblos indígenas con la tierra, el agua, el aire y otros recursos naturales está profundamente incorporada en nuestras culturas y tradiciones. Llevamos a cabo ceremonias para mostrar nuestra gratitud y respeto por los regalos de la naturaleza de los que depende nuestra supervivencia, esto nos inculca una profunda comprensión de nuestras obligaciones y responsabilidades —y un compromiso con ellas— como defensores y guardianes de la naturaleza. Sabemos que necesitamos a la naturaleza tanto como ella a nosotros.

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Creo que debido a que el mundo no ha abrazado una perspectiva holística de ese tipo surgen los desequilibrios que impulsan la destrucción de nuestro planeta. No podemos continuar cometiendo los mismos errores; eso implica cumplir los compromisos contenidos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y construir sobre ellos para proteger nuestros derechos e involucrarnos completamente en la discusión de las cuestiones que nos afectan.

Canadá ofrece un ejemplo prometedor: en noviembre del año pasado, el gobierno de Colombia Británica aprobó legislación para implementar la declaración de la ONU, consagrando nuestros derechos a nuestras tierras y aguas, nuestros recursos y nuestra autodeterminación. Ahora es obligatorio en la provincia avanzar hacia la toma de decisiones basada en el consentimiento y colaborar más con los pueblos indígenas en los cambios legislativos o de políticas que afecten nuestros derechos. El gobierno federal repetirá esta legislación a nivel nacional para fines de este año.

Más países debieran seguir este ejemplo, consagrando en los marcos legales los derechos que tenemos los indígenas a gobernar nuestros propios territorios y poner en práctica nuestro conocimiento. Esto implica reconocer nuestros gobiernos y leyes, fundamentales para garantizar que nuestro conocimiento se transmita de una generación a otra en beneficio de la biodiversidad.

También implica abolir leyes racistas diseñadas para oprimir a los pueblos indígenas. Esas protecciones tendrán un fuerte impacto para proteger la resiliencia de nuestras comunidades y defender los ecosistemas que durante tanto tiempo hemos protegido, a veces con nuestras vidas.

Pero si realmente queremos salvaguardar la biodiversidad, este enfoque debe ser reflejado a nivel internacional. Los miembros del CBD se reunirán en mayo, en persona o en línea, para definir un marco mundial para la biodiversidad en la próxima década y después. Esto determinará el destino de la biodiversidad en el mundo, de la cual el 80 % está protegido por los pueblos indígenas.

En vez de relegarnos una vez más a la condición de observadores, quienes presiden la reunión, con el apoyo de las partes, deben permitir que los pueblos indígenas hagamos presentaciones por escrito para que, a menos que una de las partes se oponga, sean incluidas en los documentos de la ONU. Somos los defensores y guardianes originales de este planeta, sabemos cómo protegerlo. Es hora de que los líderes del mundo nos escuchen.

Traducción al español por www.Ant-Translation.com

https://prosyn.org/onK2UlKes