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Liberen a Tilly – y a todos los animales del circo

MELBOURNE – El mes pasado, en el parque de diversiones Sea World de Florida, una ballena agarró a una entrenadora, Diane Brancheau, la hundió en el agua y la batió a golpes. Para cuando llegaron los rescatistas, Brancheau ya estaba muerta.

La muerte de la entrenadora es una tragedia, y no se puede sentir más que compasión por su familia. Pero el incidente plantea interrogantes más amplios. ¿El ataque fue deliberado? ¿La ballena, una orca llamada Tilikum y apodada Tilly, actuó como resultado del estrés de estar cautiva en un tanque de concreto esterilizado? ¿Estaba cansada de que la obligaran a hacer piruetas para entretener a las multitudes? ¿Está bien mantener a animales tan grandes en un confinamiento tan reducido?

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Tilly había estado involucrada en dos muertes humanas anteriormente. En un episodio, un entrenador se cayó a la pileta y Tilly y otras dos ballenas lo ahogaron. En otro, un hombre que aparentemente se había metido en el recinto por la noche, cuando Sea World estaba cerrado, fue encontrado muerto en la pileta con Tilly. Una autopsia reveló que tenía la marca de una mordedura. Una de las crías de Tilly, que fue vendida a un parque de diversiones en España, también mató a un entrenador, como lo han hecho otras orcas en otros parques.

Richard Ellis, un conservacionista marino del Museo de Historia Natural de Estados Unidos, cree que las orcas son inteligentes y que no harían algo así sólo por impulso. “Esto fue premeditado”, le dijo a The Associated Press.

Nunca sabremos con certeza lo que le pasó por la mente a Tilly, pero sí sabemos que estuvo en cautiverio desde que tenía aproximadamente dos años –fue capturada frente a las costas de Islandia en 1983-. Las orcas son mamíferos sociales, y debió de haber estado viviendo con su madre y otros parientes en una manada. Es razonable suponer que la separación repentina fue traumática para Tilly.

Es más, el grado de confinamiento en un acuario es extremo, ya que ningún tanque, por más grande que sea, está en condiciones de satisfacer las necesidades de animales que se pasan la vida en grupos sociales nadando largas distancias en el océano. Joyce Tischler, del Fondo de Defensa Legal de los Animales, dijo que mantener a una orca de seis toneladas en los tanques de Sea World era algo parecido a mantener a un ser humano en una bañera toda la vida. David Phillips, director del Proyecto Internacional de Mamíferos Marinos para el Earth Island Institute, que lideró los esfuerzos por rehabilitar a la orca Keiko –famosa por la película Liberen a Willy - dijo: “Las orcas merecen un mejor destino que el de vivir en piscinas hacinadas”.

Pero si vamos a señalar con el dedo a Sea World por lo que les hace a sus animales cautivos, también deberíamos ampliar la mirada y considerar la manera en que confinamos a los animales amaestrados. En la mayoría de los países, es posible visitar zoológicos y ver animales aburridos que deambulan de un lado a otro en las jaulas, sin nada que hacer más que esperar la próxima comida.

Los circos son lugares aún peores para los animales. Sus condiciones de vida son deplorables, especialmente en los circos itinerantes donde las jaulas tienen que ser pequeñas para que se las pueda trasladar en las giras. Entrenar a los animales para que realicen pruebas suele implicar inanición y crueldad. Investigaciones encubiertas muchas veces demostraron que a los animales se los golpeaba y se les aplicaban descargas eléctricas.

Varios países –entre ellos Austria, Costa Rica, Dinamarca, Finlandia, India, Israel y Suecia- prohíben o restringen severamente el uso de animales salvajes en circos. En Brasil, se lanzó un movimiento para prohibir los animales salvajes en los circos después de que leones hambrientos lograron atrapar y devorar a un niño pequeño.

Varias ciudades importantes y muchos gobiernos locales en todo el mundo no permiten que haya circos con animales salvajes. El año pasado, Bolivia se convirtió en el primer país en prohibir a todos los animales, salvajes o domésticos, en los circos. Esa decisión se produjo tras una investigación secreta de Animal Defenders International, que expuso el asombroso abuso al que se somete a los animales de circo. Actualmente el gobierno británico está realizando una consulta online pública sobre el uso de animales en los circos. Muchos esperan que éste sea el primer paso hacia una prohibición.

Los intentos por defender los parques de diversiones y los circos con el argumento de que “educan” a la gente sobre los animales no deben tomarse seriamente. Estas empresas son parte de la industria del entretenimiento comercial. La lección más importante que enseñan a mentes jóvenes impresionables es que es aceptable mantener a los animales en cautiverio para que los seres humanos se diviertan. Eso es contrario a la actitud ética con los animales que deberíamos tratar de impartir a los niños.

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Tampoco deberíamos dejarnos convencer por el argumento de que los circos son fuentes de empleo. El comercio esclavo humano también ofrecía empleo, pero ese no era un argumento para perpetuarlo. En cualquier caso, en muchos países que tienen restricciones o prohibiciones para los circos con animales, han florecido los circos en los que sólo trabajan seres humanos.

No hay ninguna excusa para mantener a los animales salvajes en los parques de diversiones o en los circos. Hasta que nuestros gobiernos tomen medidas, deberíamos tratar de no apoyar a los lugares donde animales salvajes cautivos hacen piruetas para entretenernos. Si el público no paga para verlos, las empresas que se benefician de mantener a los animales cautivos no podrán prosperar.   Cuando nuestros hijos nos pidan que los llevemos al circo, deberíamos averiguar si el circo usa animales salvajes. Si lo hace, deberíamos explicarles a nuestros hijos por qué no los llevaremos allí y, a cambio, ofrecerles ir a un circo donde no haya animales salvajes.