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Liderazgo climático desde el sur global

BOGOTÁ/NAIROBI – El mes pasado, se celebró en París la reunión ministerial de la Agencia Internacional de la Energía, y en Adís Abeba tuvo lugar la cumbre anual de la Unión Africana (que hace poco se unió al G20). En ambos foros se reconoció la necesidad urgente de cumplir los compromisos formulados el pasado diciembre durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28) en Dubái, en particular el de triplicar la capacidad de generación de energía a partir de fuentes renovables de aquí a 2030. Pero hay importantes desafíos por delante.

En la COP28 se identificaron muchas acciones que son cruciales para el logro de la neutralidad de carbono en 2050. Algunos ejemplos, además de un marcado aumento de la capacidad de generación a partir de fuentes renovables, incluyen duplicar el ritmo de las mejoras en eficiencia energética de aquí a 2030, abandonar gradualmente el uso de combustibles fósiles sin reducción de emisionesunabated») y proveer apoyo financiero a los países en desarrollo para la ampliación del acceso a la energía y la promoción del desarrollo económico.

África y América Latina tienen un papel central que cumplir para el logro de los objetivos mundiales de neutralidad de carbono. Ambas regiones tienen un alto potencial para las energías renovables, gracias a sus vastos recursos solares, eólicos, hídricos y geotérmicos. Con su aprovechamiento, África y América Latina pueden acelerar la reducción de sus emisiones de carbono, mejorar el acceso a la energía y estimular un crecimiento económico sostenible.

Nuestros dos países (Colombia y Kenia) ya están haciendo avances significativos hacia el uso de una combinación de fuentes de energía más limpia. Colombia tiene inmensas reservas de gas y petróleo, pero la generación hidroeléctrica equivale a casi el 70% de su producción de electricidad. Y el gobierno está comprometido a aumentar todavía más la proporción de las fuentes renovables dentro del total de aquí a 2030. Con el uso de la energía eólica, solar, geotérmica y a partir de biomasa, Colombia puede diversificar su cartera de fuentes renovables y reducir todavía más la dependencia de los combustibles fósiles.

Colombia también está tomando medidas directas para acelerar el abandono de los combustibles fósiles. Hace poco el gobierno anunció la prohibición de emitir nuevas licencias para la exploración gaspetrolera, y ha señalado intención de encarar los efectos negativos de la extracción de combustibles fósiles. Estas medidas no sólo limitarán la emisión de carbono, sino que también ayudarán a proteger los vulnerables ecosistemas de Colombia y su rica biodiversidad.

En cuanto a Kenia, se está convirtiendo en un modelo de generación de energía a partir de fuentes renovables en África. Usando sus inmensos recursos geotérmicos, eólicos, solares e hidroeléctricos, Kenia ha aumentado la participación de las renovables a un espectacular 94%. El sector geotérmico keniano ha logrado un crecimiento notable, que lo convierte en el principal productor africano de energía geotérmica. Y ahora Kenia está ayudando a dos países vecinos (Etiopía y Yibuti) a aprovechar también sus propios recursos geotérmicos.

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En la base del progreso keniano están los esfuerzos del gobierno para poner en práctica políticas de apoyo y crear un entorno propicio para la inversión privada. La visión de futuro del gobierno keniano no sólo ha dado lugar a un aumento del acceso a energía de su población, sino que también ha creado puestos de trabajo e industrias locales, lo que promueve el desarrollo económico y crea oportunidades para la colaboración con otros países. Kenia es miembro fundador de Accelerated Partnerships for Renewables in Africa, una iniciativa que busca fortalecer la transición energética en los países africanos, con apoyo de Dinamarca, Alemania y los Emiratos Árabes Unidos.

Los logros de Colombia y de Kenia merecen ser destacados y celebrados, para que sirvan de motivación y guía a otros países en sus propias transiciones a la energía limpia. En particular, los que cuentan con recursos fósiles deben seguir el ejemplo de Colombia y limitar la exploración gaspetrolera.

Pero Colombia y Kenia no son sólo modelos pasivos para otros países, también son líderes activos en el mundo. Si sus transiciones a la energía limpia no fueran prueba suficiente de su compromiso, tal vez lo sea la reciente decisión de ambos países de unirse a la Beyond Oil & Gas Alliance, una coalición internacional de gobiernos y otros actores en pos de facilitar el abandono de los combustibles fósiles.

Sin embargo, para que el mundo cumpla sus objetivos en materia de energía limpia la financiación es clave. La falta de inversión suficiente es un gran problema en África. Un informe reciente de BloombergNEF muestra que en 2021, sólo el 0,6% (2600 millones de dólares) de los 434 000 millones de dólares invertidos en proyectos de energía renovable se destinó a países africanos. Se necesita con urgencia un marcado aumento de los flujos de financiación de los países ricos a los sectores de la energía limpia en África y en América Latina.

Y además de apoyo financiero directo de los países ricos, es urgente una reforma del sistema financiero internacional (incluidos el Fondo Monetario Internacional y los bancos multilaterales de desarrollo) que lo haga más justo y más eficiente. Sólo entonces podrá aportar financiación suficiente para satisfacer las crecientes necesidades de las economías en desarrollo. Y también es esencial una acción coordinada para aliviar la carga de deuda de estas economías.

En la COP28, el sur global demostró solidaridad y compromiso con la cooperación. Compartiendo conocimiento y buenas prácticas, las economías en desarrollo pueden lograr una enorme aceleración de la transición a la energía limpia. Pero para triunfar en la lucha contra el cambio climático y proteger nuestro futuro colectivo, el mundo necesita acciones audaces que garanticen una provisión adecuada de financiación.

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