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La tentación de la geoingeniería

NEW BRUNSWICK – Seamos claros: el calentamiento global generado por el hombre es real. Como resultado de todo el dióxido de carbono, metano, hollín y otras sustancias que los seres humanos eyectamos a la atmósfera todos los años, las temperaturas promedio globales han venido subiendo en el último medio siglo.

Si bien algunos países del norte se deleitan con la perspectiva de extraer minerales de un Océano Ártico libre de hielo y de utilizar el Paso del Noroeste, el calentamiento global no es bueno para la mayor parte del planeta. Después de todo, implica un continuo aumento del nivel del mar, tormentas más fuertes e inundaciones más frecuentes, sequías más intensas y más duraderas, mayores episodios de estrés por calor, acidificación de los océanos (que destruye los corales y otras formas de vida marina) y la migración hacia el norte de mosquitos de la malaria y escarabajos del pino. Es más, las amenazas fundamentales al suministro de alimentos y agua -especialmente alimentos en los trópicos y agua en los subtrópicos- se harán realidad si seguimos comportándonos como hasta ahora.

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A diferencia de las cuestiones que rodean al cambio climático y sus consecuencias, que pueden ser respondidas en su totalidad por los científicos, lo que queramos hacer al respecto depende de nuestros valores -es decir, de qué nos parece importante-. Las opciones, individualmente o en conjunto, son: 1) nada (la respuesta actual); 2) mitigación (reducir las emisiones de gases de tipo invernadero); 3) intento de adaptación a los cambios climáticos en curso; y 4) geoingeniería.

Si usted es una gran compañía de petróleo o carbón, la opción que elegirá es la de no hacer nada. Optaría por seguir ganando la mayor cantidad de dinero posible, mientras que los consumidores de sus productos usan la atmósfera como resumidero, sin pagar por saneamiento alguno. Y usted simplemente gastaría dinero en firmas de relaciones públicas y en charlatanes para que intentaran confundir a la población sobre la ciencia de modo de poder seguir adelante con esto hasta donde le resulte posible, tal como hicieron las tabacaleras recientemente respecto de la seguridad del cigarrillo. (De hecho, usaría las mismas firmas y charlatanes).

Pero si usted es como yo, y quiere minimizar el daño causado a la gente y a otros seres vivos en la Tierra, entonces elegiría la mitigación y, donde fuera necesario, la adaptación. En cuanto a la geoingeniería, todavía no tenemos suficiente información como para decidir, pero los estudios preliminares demuestran que presenta más problemas que soluciones.

Esencialmente, existen dos tipos muy diferentes e independientes de acciones que han sido catalogadas como geoingeniería. Una, la reducción de dióxido de carbono (CDR, por su sigla en inglés) implica eliminar de la atmósfera el principal gas que causa el calentamiento global. En general, es una buena idea, pero hasta el momento parece bastante costosa, y nadie todavía ha diseñado un sistema para luego incautar el carbono y mantenerlo fuera de la atmósfera.

Las propuestas de CDR incluyen árboles artificiales que utilizan sustancias químicas para capturar el CO2, y luego inyectarlo bajo tierra o debajo del océano; plantar árboles de rápido crecimiento y luego enterrarlos; y fertilizar el océano con hierro para que el plancton crezca más rápido, con la esperanza de que se deposite en el fondo del océano. Todavía no se demostró que esta última idea funcione, y tal vez ocasione un daño serio a todo el ecosistema marino, pero en las dos primeras ya se ha estado trabajando.

La otra idea de la geoingeniería, la gestión de la radiación solar (SMR, por su sigla en inglés), propone enfriar la Tierra poniendo espejos en el espacio, inyectar desde naves sal en las nubes para hacerlas más brillantes o invadir la atmósfera con una nube de ácido sulfúrico, tal como sucede ocasionalmente con las erupciones volcánicas. Pero las erupciones volcánicas nos enseñan que, si bien una nube en la atmósfera efectivamente enfriaría el planeta e impediría que se derritiera el hielo y que aumentara el nivel del mar, también destruiría el ozono y produciría sequías regionales.

Existen otros problemas potenciales con la SRM en la estratósfera. Por ejemplo, no serviría de nada para frenar la acidificación del océano. Más importante aún, no hay manera de que podamos decidir cuál debería ser la temperatura de la Tierra. ¿Quién tendría puesta la mano sobre el termostato?

¿Qué pasaría si Rusia y Canadá quisieran que la Tierra fuera más cálida, y si las islas que se hunden en el Océano Índigo y en el Pacífico quieren que sea más fría? ¿Qué pasaría si la tecnología se utilizara para fines militares, o si una gran corporación multinacional ejerciera una influencia importante? ¿Estaría usted feliz si no hubiera más cielos azules (sino lindos atardeceres amarillos y rojos) o si nunca más pudiera ver la Vía Láctea? Si llegáramos a perder la voluntad o los medios para seguir produciendo la nube estratosférica, las temperaturas se dispararían, mucho más rápido de lo que suben hoy.

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Todo esto subraya la necesidad de realizar más estudios. Tenemos que poder cuantificar los beneficios, los riesgos y los costos de la geoingeniería, y compararlos con los beneficios, los riesgos y los costos de nuestras otras opciones, para que podamos tomar una decisión informada. La SRM podría ser necesaria en una emergencia plantearía –digamos, si el continuo calentamiento acelera rápidamente el derretimiento de la capa de hielo y el aumento del nivel del mar, o si acelera las emisiones de metano y CO2 si se descongela la tundra, lo cual luego aceleraría el propio calentamiento.

Pero la geoingeniería no es una solución mágica para el calentamiento global. Hoy en día, parece aún más peligrosa. De manera que debemos redoblar nuestros esfuerzos para que nuestras economías ingresen a un mundo post-carbono, permitiendo al mismo tiempo que los miles de millones de personas sin una alimentación adecuada, sin agua y sin educación mejoren su calidad de vida.