¿Son los Seres Humanos Culpables del Calentamiento Global?

El calentamiento global es un problema ambiental, económico, científico y político de primer orden, y uno doblemente difícil de enfrentar porque sus peligros se encuentran a décadas en el futuro. Entonces, si hemos de actuar ahora para hacerla a un lado, primero debemos examinar lo que se sabe de la naturaleza de la amenaza. ¿Debemos tener fe en el Tratado de Kyoto, el cual establece firmes límites para las emisiones de los llamados gases invernadero generadas por los seres humanos? ¿O tiene razón la administración de Estados Unidos (EU) al rechazar el Tratado de Kyoto porque la definición de las emisiones objetivo se basa en una "mala ciencia"?

La evidencia circunstancial sin duda apunta hacia nuestro abundante consumo de combustibles fósiles y quizá también hacia su impacto en el calentamiento global. Desde 1900 la temperatura global de la atmósfera terrestre y del agua superficial de los océanos ha aumentado entre 0.5 y 1 grado centígrado y el principal sospechoso es el dióxido de carbono en la atmósfera, CO 2 , que está sólo por debajo del vapor de agua en cuanto al efecto invernadero. Desde 1860, cuando la revolución industrial y el amplio crecimiento demográfico llevaron al uso generalizado de combustibles fósiles, el volúmen de CO 2 en la atmósfera se ha incrementado cerca de 28%.

El incremento tuvo un inicio lento, pasando de 290 partes por millón (ppm) en 1860 a 295 ppm en 1900. Pero entonces aceleró rápidamente, alcanzando las 310 ppm en 1950 y las 370 ppm en el 2000, con la mitad del incremento total de 80 ppm ocurriendo a partir de 1975. Los modelos númericos de clima global sugieren que si la actual acumulación de CO 2 en la atmósfera se duplica habrá un calentamiento extra de 3-5 grados centígrados, quizá tan pronto como el 2050.

Las consecuencias de eso serían debastadoras: las áreas tierra adentro se desecarían, las regiones costeras de bajo nivel serían gravemente golpeadas e inundadas conforme el hielo polar se derrite y el nivel del mar crece, y posiblemente habría más calentamiento y un efecto invernadero galopante debido al incremento del vapor de agua en la atmósfera. La única forma racional de actuar parecería ser recortar el consumo global de combustibles fósiles, como argumentan los proponentes del Tratado de Kyoto, e invertir en fuentes alternas de energía.

Pero aunque los investigadores crearon impresionantes modelos del clima global en los últimos años, ellos son los primeros en admitir que tales modelos pueden incluir sólo una fracción de las muchas fuerzas físicas que en conjunto determinan el clima y la temperatura media global. Por ejemplo, los estudios realizados durante los últimos 20 años han mostrado que los cambios en la actividad magnética solar hacen que la brillantez del Sol varíe 0.1%, y que la temperatura anual promedio en la Zona Templada del norte ha seguido el nivel de actividad solar durante los últimos 1000 años.

En efecto, el monitoreo de otras estrellas de tipo solar permitió descubrir una cuya brillantez decreció 0.5% en un periodo de 5 años, durante los cuales su actividad magnética decreció fuertemente, sugiriendo que el Sol se comporta de forma similar. Las pruebas de sedimento obtenidas del casco de hielo de Groenlandia, por ejemplo, presentan ocasionales reducciones repentinas de temperatura. Contrario a lo que los modelos climáticos enfocados en las emisiones de gases invernadero pronosticarían, las muestras nos dicen que una reducción de CO 2 atmosférico sucedió , no precedió, a esos fríos intervalos.

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¿Qué, entonces, es responsable del calentamiento global hasta ahora? Una apuesta segura es que desde 1900 y hasta 1950 el calentamiento global fue motivado sobre todo por la brillantez del sol, pues la actividad magnética solar se incrementó a un factor de dos o tres durante este periodo. El CO 2 en la atmósfera no pudo haber contribuido de forma esencial porque se había incrementado sólo cerca de 7% antes de 1950, cuando el calentamiento se niveló por un par de décadas. Después de 1950, sin embargo, la actividad solar no tuvo un aumento significativo, mientras que el CO 2 atmosférico subió 20%, siendo causa del calentamiento ocurrido entre 1970 y 2000. El CO 2 en la atmósfera será presumiblemente el factor que controle la situación durante el siglo entrante también.

Pero esto no significa que las emisiones generadas por los humanos sean responsables de la creciente acumulación de CO 2 en la atmósfera. La atmósfera contiene unas 750 gigatoneladas (Gt, 10 9 toneladas) de CO 2 , mientras que las emisiones anuales totales del ser humano son aproximadamente 5.5 Gt, añadiendo así cerca de 0.7% del total cada año. Sin embargo, también hay un intercambio estimado de 90 Gt por año entre la atmósfera y los océanos. Esto significa que las emisiones de CO 2 provenientes de actividades humanas no simplemente se mantienen y se acumulan en la atmósfera. Se distribuyen rápidamente en la superficie del océano, de forma que el CO 2 permanezca en un nivel de equilibrio.

Este equilibrio es a su vez determinado por la temperatura del agua oceánica superficial. Entonces, es plausible que el calentamiento de los océanos generado por la actividad solar entre 1900 y 1950 haya dado inicio a todo al cargar el equilibrio hacia mayores concentraciones de CO 2 en la atmósfera, acelerando el calentamiento global desde entonces. Así, aunque nuestra propia contribución de CO 2 no ayuda a mejorar las cosas, está lejos de ser el factor determinante. Basándose en la evidencia disponible, de esta forma, los escépticos del Tratado de Kyoto parecen tener un fuerte caso a su favor.

Pero la amenaza planteada por el calentamiento global es de todas maneras real y enfocarse en las emisiones humanas de CO 2 no es necesariamente una "mala ciencia", sino sólo una ciencia incompleta. Por ejemplo, además de la actividad magnética solar, el Sol afecta el clima terrestre de diversas maneras, incluyendo el calentamiento ultravioleta de la estratósfera externa, la nucleación de aerosoles y la formación de nubes. El clima también está sujeto a la tasa de intercambio de vapor de agua entre la atmósfera y la superficie terrestre, para lo que se deben tomar en cuenta las corrientes marinas, el viento y la geografía.

Todos esos efectos deben entenderse cuantitativamente para así poder producir un modelo exacto del cambio climático global, y estamos todavía lejos de ese punto. Así, la única respuesta racional es investigar agresivamente los muchos factores desconocidos: la física de la formación de nubes, el acoplamiento dinámico de la estratosfera superior con la atmósfera inferior, la acumulación de vapor de agua atmosférico. Si se han de encontrar soluciones efectivas, estas deben esperar a que haya una definición más completa del problema.

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