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La globalización de las ciencias

SAN FRANCISCO – Las ciencias son una fuente invaluable de orientación para los individuos y los gobiernos. Esto se debe en parte a que los científicos pueden predecir a menudo las consecuencias futuras de las acciones actuales.

Por ejemplo, sabemos que alguien que fume dos cajetillas de cigarros al día probablemente tendrá un serio problema de cáncer unos 40 años después. Y las ciencias predicen que, a menos que limitemos estrictamente el consumo de petróleo y carbón en el mundo, el clima se seguirá calentando, lo que aumentará el volumen de los océanos y fundirá enormes cantidades de hielo en el Ártico y la Antártida y provocará, de esta manera, aumentos desastrosos del nivel del mar.

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Estos son sólo dos ejemplos de entre miles de casos en los que tiene lógica que los encargados del diseño de las políticas tomen en cuenta lo que las ciencias pueden predecir sobre el futuro. Y sin embargo, con mucha frecuencia se ignora lo que las ciencias saben cuando se toman decisiones en las que hay mucho en juego.

Eso no quiere decir que los científicos deberían controlar el proceso de toma de decisiones del gobierno. Es asunto de los políticos, no de los científicos, considerar los costos y beneficios relativos de las opciones que se les presentan y ponderarlas como consideren conveniente para alcanzar sus conclusiones. Pero muchos de esos juicios estarán equivocados si no tienen información científica eficaz.

Por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos recibe buenos servicios de una organización llamada las Academias Nacionales, que se basa en tres organizaciones honorarias compuestas por científicos, ingenieros y profesionistas del sector salud (la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Nacional de Ingeniería y el Instituto de Medicina, respectivamente). Esta organización no gubernamental independiente produce más de 200 informes al año, la mayoría de ellos en respuesta a peticiones específicas del gobierno de Estados Unidos.

Estas solicitudes van desde preguntas sobre los riesgos a la salud de la presencia de trazas de arsénico en el agua potable, hasta preguntas sobre la mejor forma de apoyar varios tipos de investigación científica. Mediante un riguroso proceso de revisión, las Academias insisten en que cada informe se limite a lo que las ciencias pueden aportar al tema sobre la base de pruebas y lógica, sin apropiarse de las decisiones que otros deben tomar.

Así, por ejemplo, el informe sobre el agua potable predijo la frecuencia del cáncer de vejiga que podría afectar a la larga a una población expuesta a niveles de 5, 10 o 20 partes por mil millones de arsénico. Pero no dijo cuál era la concentración máxima de arsénico que el gobierno debía aprobar.

El texto completo de alrededor de 3,000 informes de las Academias está disponible en línea (en www.nap.edu ), y pueden descargarse de manera gratuita en 146 países. Los peligros del arsénico son iguales en todo el mundo, y en este caso un informe hecho en Estados Unidos puede ser útil para todas las naciones.

No obstante, hay otras cuestiones importantes basadas en las ciencias que requieren análisis por parte de organizaciones internacionales a fin de ser aceptadas mundialmente. Para lograr esto, en 2000, una organización mundial de academias científicas llamada el Panel Interacadémico fundó el Consejo Interacadémico (CI) en Ámsterdam. El órgano de gobierno del CI es un consejo que incluye un grupo rotatorio de15  presidentes de academias de todo el mundo, que representan a países de distintos niveles de desarrollo y sus informes presentan una verdadera perspectiva internacional respaldada por los mejores científicos e ingenieros del planeta.

El CI da asesoría sobre temas planteados por Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales y sus informes están disponibles gratuitamente en www.interacademycouncil.net . El primer informe del CI se titula Inventar un mejor futuro: una estrategia para crear capacidades científicas y tecnológicas a nivel mundial . Presenta argumentos convincentes de la importancia de apoyar a las instituciones científicas y tecnológicas en todos los países que se concentran en aprovechar el creciente acervo internacional de conocimientos científicos y tecnológicos para satisfacer las necesidades de esos países.

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Inventar un mejor futuro también da lineamientos detallados a los gobiernos y las organizaciones internacionales sobre cómo crear capacidades institucionales de ciencia y tecnología tanto en los países en desarrollo como en los industrializados. El trabajo más reciente del CI, titulado Iluminar el camino: hacia un futuro con energía sostenible , presenta una ambiciosa agenda basada en las ciencias para satisfacer las necesidades de energía del planeta, que presentan tantos desafíos.

Una audiencia importante de los informes del CI son las 100 academias de ciencias que pertenecen al Panel Interacadémico. Cada una tiene la responsabilidad de divulgar las recomendaciones del informe en su propio país, lo que puede aumentar considerablemente la efectividad de la academia para influir en las políticas nacionales. La combinación del Panel Interacadémico y el CI es un importante experimento para dar asesoría científica internacional –un experimento que apenas empieza a demostrar su efectividad potencial para diseminar los beneficios de la ciencia y la tecnología a toda la humanidad.