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El apocalipsis de Davos

FORT LAUDERDALE – En la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos el mes pasado, los participantes más prominentes exigieron la rápida adopción de energía limpia para enfrentar el cambio climático. Hay algo de inquietante en el hecho de que la elite poderosa global llegue en avión a un reducto de esquí exclusivo en Suiza y le diga al resto del mundo que deje de usar combustibles fósiles.

La rimbombancia apocalíptica es aún más perturbadora. Según Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, "nuestro planeta se está calentando de manera peligrosa", y necesitamos actuar de inmediato "para evitar la catástrofe"; la responsable de asuntos climáticos de las Naciones Unidas, Christiana Figueres, sostiene que el calentamiento global implica que "la economía mundial está en riesgo".

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El ex secretario general de la ONU Kofi Annan se lleva el premio por la retórica más extrema al decir que no frenar el calentamiento global es "un riesgoterrible para el futuro del planeta y de la vida misma".

Sin embargo, la retórica es poco convincente. Es cierto, el calentamiento global es real y es generado por el hombre. Pero crear pánico y proponer políticas poco realistas no ayudará a enfrentar el problema.

Tanto Annan como Gurría mencionaron el tifón Haiyan en las Filipinas el pasado mes de noviembre como prueba del mayor daño vinculado al cambio climático. No importa que el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) determinara que "los conjuntos de datos actuales indican que no se observan tendencias significativas en la frecuencia global de ciclones tropicales en el último siglo", e informara que existe "poca confianza" en que los cambios en los huracanes en las décadas recientes (o futuras) tengan algo que ver con el calentamiento global.

Annan y Gurría tampoco se preocuparon por observar que la Energía Ciclónica Acumulada global, un índice que registra la actividad total de los huracanes, está anclada en los valores más bajos registrados desde los años 1970. De hecho, la tendencia de huracanes fuertes alrededor de las Filipinas ha declinado desde 1951.

De la misma manera, Gurría nos dice que el huracán Sandy, que chocó contra la ciudad de Nueva York en 2012, es un ejemplo de la inacción en materia de cambio climático, que le cuesta a Estados Unidos "el equivalente a 0,5% de su PBI" cada año. De hecho, Estados Unidos actualmente experimenta la ausencia más prolongada de huracanes intensos que llegan a tierra desde que se comenzó a llevar un registro en 1900, mientras que el costo por daño ajustado en Unidos durante este período, incluyendo el huracán Sandy, ha caído ligeramente.

Figueres sostiene "que las actuales pérdidas anuales a nivel mundial debido a un clima y a desastres extremos podrían representar un sorprendente 12% del PBI global anual". Pero el estudio al que hace referencia habla solamente de una posible pérdida de 1-12% del PBI en el futuro, y esto no se calcula globalmente sino para apenas ocho regiones o ciudades cuidadosamente elegidas y vulnerables al clima. Por el contrario, de acuerdo con el IPCC, "las tendencias a largo plazo en materia de pérdidas económicas por desastres ajustadas en base a los incrementos de la riqueza y la población no han contribuido al cambio climático".

Por el contrario, el grueso de la evidencia económica revisada por pares indica que, hasta alrededor de 2050-2070, el impacto económico neto global de las crecientes temperaturas probablemente sea positivo. Si bien el calentamiento global generará costos derivados de una mayor cantidad de muertes relacionadas al calor y a la escasez de agua, estos estarán superados por los beneficios de muchas menos muertes relacionadas con el frío y de una mayor productividad agrícola como consecuencia de niveles más elevados de CO2.

El calentamiento global es un problema a largo plazo. La mayoría de los modelos indican que el costo hacia fines de siglo será del 1-5% del PBI mundial. No es una pérdida trivial; pero tampoco pone a "la economía mundial en peligro". A título comparativo, el IPCC espera que para fines de siglo la persona promedio en el mundo en desarrollo sea 1.400-1.800% más rica que hoy.

Estas declaraciones incorrectas de funcionarios prominentes refuerzan políticas ineficientes basadas en un optimismo exagerado. Figueres ve "un impulso creciente hacia" políticas en materia climática ahora que países como China "reducen el uso de carbón". En el mundo real, China responde por casi el 60% del incremento global de consumo de carbón de 2012 a 2014, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía. Si bien Figueres elogia a China por incrementar drásticamente su capacidad de energía solar en 2013, la mayor dependencia de China de la energía de carbón es 27 veces mayor.

La mala comprensión de los hechos por parte de Figueres la llevaron no sólo a concluir que China está "haciendo las cosas bien" respecto del cambio climático, sino también a especular que China ha tenido éxito porque su "sistema político evita algunos de los obstáculos legislativos vistos en otros países, inclusive Estados Unidos". En otras palabras, la principal funcionaria del área climática de las Naciones Unidas parece estar sugiriendo que un sistema político autoritario es mejor para el planeta.

La realidad sigue siendo que el uso global de energía eólica y solar en 2012 redujo, en el mejor de los casos, 275 millones de toneladas de CO2, a la vez que absorbió 60.000 millones de dólares en subsidios. Considerando que la electricidad posiblemente valga 10.000 millones de dólares, el costo promedio de reducir una tonelada de CO2 es aproximadamente 180 dólares. La mayor estimativa revisada por pares del daño causado por el CO2 es aproximadamente 5 dólares por tonelada. Eso significa que la energía eólica y solar evitan alrededor de 0,03 dólar de daño climático por cada dólar invertido. 

Comparemos esto con soluciones tecnológicas más inteligentes. En poco tiempo, la revolución de la energía de esquisto de Estados Unidos ha reemplazado el carbón altamente contaminante por gas natural más barato y más limpio. Esto redujo aproximadamente 300 millones de toneladas de emisiones en Estados Unidos -más que toda la energía eólica y solar del mundo combinadas- y al mismo tiempo benefició a los norteamericanos al ahorrarles 100.000  millones de dólares en costos de energía.

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En el largo plazo, la inversión actual en investigación y desarrollo ecológicos ayudará a llevar el precio de la energía renovable futura por debajo de la de los combustibles fósiles, dando lugar a una opción que es sensata desde un punto de vista ambiental y económico. Mientras tanto, los recortes de las emisiones de CO2, aún los más drásticos, tendrán escaso impacto en los huracanes de acá a 50-100 años. Sacar a miles de millones de personas de la pobreza, sin embargo, no sólo sería algo bueno en sí mismo; también les permitiría a las sociedades ser mucho más resistentes frente al clima extremo, causado o no por el calentamiento global.

Desafortunadamente, como vimos en Davos, el debate sobre el clima global está plagado de mitos y de ilusiones. Si queremos generar más resultados positivos a menor costo, deberíamos empezar por hacer una limpieza profunda.