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El año de Europa, por segunda vez

NUEVA YORK – Hace ya más de cuatro décadas atrás que Henry Kissinger, Consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, declaró al año 1973 como “El año de Europa”. Su objetivo era resaltar la necesidad de modernizar la relación transatlántica y, más específicamente, la necesidad que había sobre que los aliados europeos de los Estados Unidos hagan más junto con EE.UU en el Medio Oriente y hagan más contra la Unión Soviética en Europa.

Kissinger fue el primero en admitir que los europeos no aceptaron su desafío. A pesar de ello, volvemos a enfrentarnos, una vez más, a un año dedicado a Europa. En esta oportunidad, sin embargo, el impulso que proviene de un frustrado gobierno de los EEUU es menor y el que surge de dentro de Europa propiamente dicha es mayor.  

Lo que está en juego hoy es tan o más importante de lo que estaba en juego en el año 1973. Rusia no muestra ninguna señal con respecto a retirarse de Crimea o a detener sus esfuerzos por desestabilizar el este de Ucrania. Existe verdadera preocupación acerca de que Rusia pueda emplear tácticas similares contra uno o más de los pequeños países de la OTAN en las fronteras que comparte con dichos países.

Los refugiados aumentan la tensión en Europa, así como también la aumentan el terrorismo inspirado en acontecimientos en el Medio Oriente o aquel llevado a cabo por atacantes de esta región. Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ha comenzado formalmente; lo que queda por resolver es cuál será el  calendario y cuáles los términos para la salida, factores que a su vez determinarán el impacto que tenga dicha en el futuro económico y político del Reino Unido y de otros países que contemplen su retirada de la Unión Europea. Grecia y otros países del sur de Europa continúan agobiados por una tasa alta de desempleo, un creciente nivel de deuda, y una brecha persistente entre lo que se pide a los gobiernos que hagan y lo que dichos gobiernos, en los hechos, pueden realmente hacer.