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Malas noticias para los trabajadores estadounidenses

NUEVA YORK – A medida que el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, designa a los miembros de su gabinete, ¿qué hemos llegado a saber sobre la probable orientación y el impacto de la política económica de su gobierno?

Sin duda, continúan habiendo enormes incertidumbres. Como en muchas otras áreas, las promesas y declaraciones de Trump sobre la política económica han sido inconsistentes. Si bien él rutinariamente acusa a otros de mentir, muchas de sus afirmaciones y promesas económicas – de hecho, toda su visión de gobernabilidad – parecen dignas de los propagandistas de la “gran mentira” de la Alemania nazi.

Trump se hará cargo de una economía que se encuentra en una fuerte tendencia al alza, en la que el PIB del tercer trimestre creció en una impresionante tasa anual del 3,2% y el desempleo se situó en 4,6% en el mes de noviembre. Por el contrario, cuando el presidente Barack Obama asumió el poder en el año 2009, heredó de George W. Bush una economía que se estaba hundiendo en una profunda recesión. Y, de manera similar a Bush, Trump es otro presidente republicano que asumirá el cargo a pesar de perder el voto popular, sólo para aparentar que tiene un mandato para emprender políticas extremistas.

La única forma en la que Trump reconciliará sus promesas de mayores gastos en infraestructura y defensa con los grandes recortes de impuestos y reducción de déficits es una fuerte dosis de lo que solía llamarse economía vudú. Décadas de “recortar los excesos” en el gobierno ha dejado poco para recortar: el empleo en el gobierno federal, expresado como porcentaje de la población, está hoy en un nivel menor del que estuvo 30 años atrás, en la era del gobierno pequeño, bajo el mandato del presidente Ronald Reagan.