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Dejemos que sople el viento

BERLÍN – Cuando considera el cambio climático, la mayoría de la gente piensa que las turbinas eólicas y los paneles solares son una parte importante de la solución. Sin embargo, en el transcurso de los próximos 25 años, el aporte de la energía solar y eólica para la resolución del problema será insignificante -y el costo, enorme.

La Agencia Internacional de Energía calcula que aproximadamente el 0,4% de la energía global hoy proviene de la energía solar y eólica. Aún en 2040, si todos los gobiernos implementaran todas sus promesas verdes, la energía solar y eólica apenas representaría el 2,2% de la energía global. Esto es así, en parte, porque la energía eólica y solar ayudan a reducir las emisiones de gases de tipo invernadero sólo a partir de la generación de electricidad, que representa el 42% del total, pero no de la energía utilizada en la industria, el transporte, la construcción y la agricultura.

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Sin embargo, la razón principal por la que la energía eólica y solar no pueden ser una solución importante para el cambio climático surge de un obstáculo casi insuperable: necesitamos energía cuando no brilla el sol y cuando no sopla el viento.

Esto tiene implicancias importantes para los argumentos sobre los costos. Por ejemplo, la energía eólica, nos dicen repetidamente, está a punto de ser más barata que los combustibles fósiles -o inclusive, como decía una noticia global reciente, que hoy es más barata que los combustibles fósiles en Alemania y el Reino Unido.

Esa es básicamente una ilusión -la energía eólica de gran escala no funcionará en el futuro inmediato sin subsidios-. Como dice Warren Buffet: "Obtenemos un crédito impositivo si construimos muchas granjas eólicas. Esa es la única razón para construirlas. No tienen sentido sin el crédito impositivo". La AIE estima que la factura anual de los subsidios globales a la energía eólica aumentará en los próximos 25 años, no se reducirá ni llegará a cero.

Un motivo es que la energía eólica más barata en Alemania y el Reino Unido sólo es una realidad para la construcción nueva. La mayoría de los proveedores existentes de carbón y gas cuestan aproximadamente la mitad o menos que la energía eólica, y podrían seguir proporcionando energía durante décadas. Por el contrario, clausuramos un 50% de ellos para dar cabida a la energía eólica. Mientras que los productores de energía eólica alemanes nuevos y baratos cuestan 80 dólares por MWh (0,08 dólar por kWh), el precio al contado promedio en Alemania en 2014 era de apenas 33 dólares por MWh.

Más importante aún, la energía eólica es más barata sólo cuando sopla viento. Cuando no sopla viento, la electricidad generada por la energía eólica es la electricidad más cara de todas, porque no se puede comprar a cualquier precio.

Instalar más generadores de energía eólica hace que la electricidad que producen sea menos costosa. La primera turbina eólica genera un precio por kWh apenas por encima del promedio. Pero con una participación de mercado del 30%, ya que todos los productores de energía eólica venden electricidad al mismo tiempo (cuando sopla viento), la electricidad vale apenas el 70% del precio promedio de la electricidad. Los precios de la energía solar caen aún más rápido con participaciones de mercado similares. De manera que los generadores de energía eólica y solar, para ser competitivos, tienen que ser mucho más económicos que el precio promedio.

Es más, la energía eólica y solar encarecen la electricidad generada por combustibles fósiles. Algunas personas pueden pensar que esto es algo bueno; pero si nuestras sociedades siguieran funcionando en un clima nublado y sin viento, implicaría depender de algunos combustibles fósiles. La AIE estima que el 56% de la electricidad provendrá de combustibles fósiles en 2040, y que la energía nuclear e hidroeléctrica responderá por otro 28%.

Un uso significativo de la energía eólica y solar reduce la cantidad de horas en que funciona la generación de gas y carbón; con costos fijos importantes, esto hace que cada kWh resulte más costoso. En un mercado de electricidad real, esto resultaría en costos de electricidad mucho más elevados en aquellas noches en que no soplara el viento. Pero esto es problemático desde un punto de vista político, razón por la cual muchas veces se construyen mercados para obtener mucho menos.

En España, se utilizaron plantas de gas 66% del tiempo en 2004, pero sólo 19% del tiempo hoy, en gran medida por un mayor uso de la energía eólica. Como las plantas deben estar en funcionamiento 57% del tiempo para evitar pérdidas, es probable que muchas cierren. En toda Europa, posiblemente el 60% de toda la generación a partir de gas esté en riesgo.

Mantener las luces encendidas implica aceptar precios mucho más altos o emular lo que muchos gobiernos europeos están empezando a hacer –concretamente, subsidiar las plantas que funcionan con combustibles fósiles-. Por ejemplo, sólo en 2018, el Reino Unido pagará casi 1.000 millones de libras (1.500 millones de dólares), principalmente a generadores basados en combustibles fósiles, para mantener una capacidad de respaldo para picos en el consumo energético. Construir una mayor capacidad de generación eólica y solar con subsidios implica que las sociedades terminan pagando tres veces por la energía –una por la energía en sí, otra por los subsidios a renovables ineficientes y otra más para subsidiar nuestros combustibles fósiles ahora ineficientes.

Muchos dirán “Pero al menos recortamos el CO2”. Eso es verdad, aunque la reducción tal vez sea apenas la mitad de lo que se suele decir, porque la energía de respaldo necesaria para compensar la energía eólica y solar intermitente suele implicar una mayor generación de CO2. Es más, pagamos caro por estos recortes. En 2013, el mundo produjo 635 TWh de electricidad eólica y pagamos por lo menos 28.000 millones de dólares en subsidios, o 76 dólares por tonelada evitada de CO2, y probablemente el doble o más. Cuando los costos estimados del daño ocasionado por el CO2 son de aproximadamente 5 dólares por tonelada, y una tonelada de CO2 se puede reducir en la Unión Europea por unos 10 dólares, estamos pagando un dólar para hacer menos de 7-13 centavos de bien para el clima.

Y su impacto positivo sobre el clima es desdeñable. Consideremos dos mundos: en el primero, todos los gobiernos implementan todas sus promesas verdes, como lo indicó el AIE, y aumentan la energía solar y eólica más de siete veces para 2040; en el segundo, no se compra ni un solo panel solar o turbina eólica en los próximos 25 años.  

La diferencia en gasto en subsidios entre los dos mundos supera los US$2,5 billones. Sin embargo, la diferencia en aumento de temperatura para fines del siglo, según el propio modelo del panel climático de las Naciones Unidas, sería de apenas 0,0175°C (0,03°F).

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Un día, cuando el precio de la energía eólica haya caído mucho más y la energía solar sea tan económica como la eólica, invertir considerablemente en energía eólica y solar podría ser una gran idea. Pero inclusive después de décadas de reasignación de capital, estas fuentes podrían responder por poco menos que un cuarto de nuestra electricidad.

En otras palabras, es muy poco probable que un mundo que funcione en base a energía solar y eólica –un mundo que haya resuelto el desafío climático- vaya a existir en lo inmediato.