Eiffel Tower in misty weather Massmo Relsig/Flickr

El Expreso Copenhague-París

COPENHAGUE – En 2009, cuando Copenhague fue la ciudad anfitriona de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, estuve presente como miembro del parlamento con la sensación de ser testigo de un acontecimiento que cambiaría el mundo. Por años los negociadores habían tratado de llegar a un amplio acuerdo de limitación de las emisiones de gases de invernadero, y la atención mundial estaba volcada sobre Dinamarca. Lamentablemente, la crisis financiera mundial y los intereses nacionales específicos acabaron por impedir que se concretara.

Hoy los negociadores del clima se reúnen una vez más, esta vez en París, y las expectativas de un acuerdo son igual de altas. Sin embargo, en esta ocasión hay buenas probabilidades de que se llegue a un acuerdo sólido. Asistiré como ministro danés para asuntos climáticos, y creo que la conferencia de este año será el punto de inflexión sobre el control planetario del cambio climático.

El ambiente político es muy distinto del de hace seis años. Cuando se realizó la conferencia de Copenhague, el mundo todavía estaba tambaléandose tras haber estado al borde del colapso financiero, había importantes políticos que ponían en duda que el cambio climático fuera causado por el hombre y muchos grupos industriales hacían campañas de presión para evitar el carácter obligatorio de los límites a las emisiones.

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