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El camino hacia adelante en cuestión del cambio climático

NUEVA YORK – La crisis financiera ha acaparado la atención de la mayoría de los líderes del mundo. Sin embargo, por elevado que sea el precio de un rescate global, una cosa es segura: será muy poco comparado con los enormes costos –y las profundas consecuencias humanas—de retrasar las acciones sobre el cambio climático.

Hay una especie de belleza en esta difícil situación: si actuamos sabiamente, podemos atacar ambas crisis a la vez. Las negociaciones sobre cambio climático del próximo año ofrecen una oportunidad sin precedentes para crear una economía mundial más lucrativa, segura y sostenible.

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Los retos de hoy son muchos: finanzas, alimentos y energía, por ejemplo. No obstante, comparten una misma causa: los intereses especulativos y a menudo miopes han suplantado al interés común, las responsabilidades comunes y el sentido común.

Ese mismo pensamiento a corto plazo caracteriza la dependencia del mundo de los combustibles fósiles. No podemos acabar con esa dependencia de la noche a la mañana. No obstante, reconocemos que seguir dedicando billones de dólares a crear infraestructura basada en el carbón y a dar subsidios a los combustibles fósiles es como invertir en bienes raíces de alto riesgo. En esencia, estamos hipotecando el futuro de nuestros hijos para financiar un estilo de vida inherentemente insostenible e injusto. El mayor riesgo que corremos es seguir por este camino. Así pues, ¿cómo comenzamos a abordar el gigantesco reto de dar nuevas herramientas a nuestra economía global, preservar el planeta y sacar de la pobreza a miles de millones de personas?

La respuesta es ocuparse con seriedad del cambio climático. Además, este es el momento de hacerlo –no a pesar de la crisis financiera sino debido a ella. No hay que desperdiciar la oportunidad que nos presenta esta crisis.

La reunión que se celebrará en Poznan esta semana es un paso importante. Tenemos únicamente doce escasos meses para forjar los elementos de un acuerdo global sobre el cambio climático antes de que los líderes mundiales se reúnan en Copenhague el próximo diciembre. Si trabajamos juntos, guiados por un sentido de urgencia y destino común, estas negociaciones pueden ayudarnos a dirigir la nave de la economía mundial hacia aguas menos turbulentas, más verdes y a puerto seguro.

Creemos que la mejor inversión en nuestro futuro colectivo es ampliar la economía verde de bajo consumo de carbón. Es una inversión con enorme potencial de prosperidad y rentabilidad. Pero requiere que establezcamos un nuevo acuerdo sobre cambio climático ahora –un acuerdo que todos los países puedan aceptar. Debe ser exhaustivo y ambicioso y debe fijar objetivos claros de reducción de emisiones, adaptación, financiamiento y transferencia de tecnología.

En Poznan, las naciones desarrolladas y en desarrollo deben encontrar una visión compartida de la forma en que esto funcionará y llegar a un acuerdo en el que los países ricos den el ejemplo reduciendo sus emisiones y facilitando al mundo en desarrollo los recursos y conocimientos para reforzar sus propios esfuerzos en la materia.

Las decisiones sobre las inversiones en energía que se tomen ahora fijarán el perfil de las emisiones del mundo durante años. Mientras tanto, el tiempo sigue corriendo. Puede haber consecuencias catastróficas, no sólo para los osos polares, sino para millones de personas.

La adaptación debe ser una parte vital de las negociaciones, al igual que la mitigación. En el cruel cálculo de los desastres, los que tienen menos responsabilidad de causar el cambio climático serán los que sientan primero y de manera más dura sus inevitables efectos. Los países en desarrollo necesitarán apoyo financiero adicional para proteger a los más pobres y vulnerables.

Es esencial llegar a un acuerdo en Copenhague. Pero la ruta hacia un futuro más verde y de bajo consumo de carbón ya se está construyendo en países como Brasil o Bangladesh, Dinamarca o Indonesia. Mediante medidas que van desde las inversiones en energía renovable y vehículos "flex-fuel" (flexibles en combustible) o la reforestación, por todas partes los países se están dando cuenta de que lo verde no es una opción sino una necesidad para recargar sus economías y crear millones de empleos.

Por ejemplo, con las inversiones adecuadas, los países tropicales podrían reducir de manera significativa las emisiones del sector forestal y al mismo tiempo crear empleos verdes. Actualmente la deforestación representa aproximadamente una quinta parte de todas las emisiones de gases de efecto invernadero.

El mes pasado, China anunció un paquete de estímulos económicos de 568 mil millones de dólares; el 25% se dedicará a fortalecer los esfuerzos de conservación, protección ambiental y energía renovable. Esperamos que el nuevo paquete de estímulos ayude a China a emprender un desarrollo más verde y que otros países sigan su ejemplo.

Los Estado Unidos también han indicado que habrá un cambio fundamental y abrupto en su política climática global. En su primer discurso posterior a la elección, Barack Obama declaró que su presidencia “marcará un nuevo capítulo en el liderazgo de los Estados Unidos en materia de cambio climático que fortalecerá nuestra seguridad y creará millones de empleos nuevos”.

Al conjugar los temas de la revitalización económica, la seguridad energética y el cambio climático, Obama ha articulado con claridad los beneficios de cualquier New Deal verde. Celebramos la renovada participación de los Estados Unidos en las negociaciones globales sobre el clima y esperamos su liderazgo para transformar las palabras en políticas concretas que promuevan el crecimiento verde global.

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Como ya se han dado cuenta los Estados Unidos, China y muchos otros países, el cambio climático es mucho más que una cuestión ambiental. Es una cuestión de energía, finanzas y seguridad. En efecto, es una cuestión para Jefes de Estado. Instamos a otros líderes mundiales a que se unan a nosotros para forjar una visión compartida de largo plazo de acciones de cooperación que se vuelva realidad en la conferencia del año próximo en Copenhague.

La cooperación global ha sido esencial para manejar la crisis financiera. No lo será menos para manejar el cambio climático, donde los riesgos son mucho mayores. Juntos debemos invertir en la opción más segura – la economía verde.