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¿Es autoritario el carácter nacional de Rusia?

NEW HAVEN – La agresión de Rusia hacia Ucrania y el apoyo público ruso al control directo de los medios de comunicación por parte del gobierno han hecho que muchos se pregunten si, como pueblo, los rusos tienen una predisposición al autoritarismo. Parece una pregunta razonable, pero por experiencia propia he aprendido que hay que tener mucha cautela antes de llegar a conclusiones sobre la idiosincracia de una nación a partir de sucesos aislados.

En 1989 fui invitado a una conferencia económica en Moscú, en la entonces Unión Soviética, organizada en conjunto por el centro de estudios soviético IMEMO (cuyo nombre hoy es Instituto Primakov de Economía Mundial y Relaciones Internacionales) y la Oficina Nacional de Estudios Económicos de Estados Unidos. Ese tipo de conferencias conjuntas eran parte de un cambio histórico tras el deshielo de las relaciones entre EE.UU. y la U.R.S.S. Los economistas soviéticos parecían entusiastas con la posibilidad de pasar a una economía de mercado, y me impresionó lo abiertamente que nos hablaban de ello en las pausas para café o en las cenas.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

Sin embargo, en la conferencia los soviéticos expresaran serias dudas de que su pueblo pudiera incluso permitir que el libre mercado funcionase. Decían que, en general, los rusos percibían las acciones de los mercados individuales como equivocadas, injustas e intolerables.

Conocí a uno de los economistas más jóvenes del IMEMO, Maxim Boycko, y me impresionó su sinceridad y talento. (Más adelante se convirtió en Viceprimer Ministro y Ministro de Bienes Nacionales bajo el Presidente de Boris Yeltsin, abandonando el gobierno antes de la llegada al poder de Vladimir Putin, y hace poco emigró a Estados Unidos, donde da charlas sobre economía en Harvard y Brown). Tuvimos una animada conversación: le dije que muchos estadounidenses también piensan que las prácticas capitalistas son injustas. ¿Eran realmente tan diferentes las actitudes de ambos países?

Parece que nadie había hecho nunca un estudio al respecto, y en 1989 era posible hacerlo. Decidimos allí mismo elaborar un cuidadoso cuestionario en que se compararan las respectivas actitudes hacia el libre mercado.

Tras trabajar las sutilezas de la traducción y ver las posibles malinterpretaciones que pudiesen sesgar las respuestas de los encuestados, creamos una serie de cuestionarios prácticamente idénticos en ruso e inglés. Con la ayuda del experto ucraniano en encuestas Vladimir Korobov las llevamos a cabo en Nueva York y Moscú en 1990, publicando sus resultados en la American Economic Review y la revista MEIMO de IMEMO en 1992.

Las diferencias actitudinales hacia el libre mercado resultaron siendo bastante pequeñas, y costaba interpretarlas en términos de autoritarismo y democracia. Por ejemplo, preguntamos: “En vacaciones los precios de las flores suelen subir porque es una temporada de alta demanda. ¿Le parece justo que los floristas suban los precios de esa manera?” Tal como predijo el economista del IMEMO, la mayoría (un 66%) de quienes la respondieron en Moscú pensó que era injusto. Pero había una sorpresa: en Nueva York la cifra era prácticamente idéntica (un 68%).

Así que el año pasado decidimos ver si hoy persiste la misma similitud entre Moscú y Nueva York o si, con los nuevos bríos del autoritarismo en Rusia de hoy, las actitudes hacia los mercados se habían vuelto más negativas. Realizamos el mismo cuestionario en ambas ciudades y presentamos los resultados en la reunión anual de enero de la American Economic Association.

En la pregunta sobre las flores, hubo muy pocos cambios con respecto a las actitudes en Moscú (un 67% opinaba que era injusto subir los precios). Pero en Nueva York había aumentado el apoyo al libre mercado en la opinión pública (la cifra correspondiente era un 55%).

Para nuestro estudio de 2015, Boycko y yo decidimos examinar las actitudes hacia la democracia misma. Afortunadamente, pudimos encontrar un estudio realizado en 1990 por los cientistas políticos James Gibson, Raymond Duch y Kent Tedin (GDT), que hicieron preguntas en Moscú. Al igual que nosotros, buscaron evaluar valores básico e ir más allá de los eslóganes. Si bien no hicieron una comparación con Nueva York, pensamos en añadirla en 2015.

Sorprendentemente, la mayoría de los resultados sobre valores democráticos no sustentan la idea de que los rusos prefieran un gobierno autoritario fuerte. Por ejemplo, GDT preguntaron en 1990 si “Las leyes debían proteger a la prensa para que el gobierno no la persiga”. Sólo un 2% estuvo en desacuerdo en 1990. En 2015, la cifra era mayor (20%), lo que sugiere un declive de los valores democráticos. Pero la verdadera sorpresa de nuestros resultados de 2015 fue la respuesta en Nueva York: un desacuerdo del 27%. ¡Hoy los neoyorquinos que apoyan la libertad de prensa son menos que los moscovitas!

La mayor diferencia entre Moscú y Nueva York se produjo en la afirmación de GDT de que “Es mejor vivir en una sociedad con un orden estricto que una que permita tanta libertad a las personas que puedan llegar a destruirla”. En 1990, un 67% de los moscovitas estuvo de acuerdo (así como un 76% en 2015), mientras que en la Nueva York de 2015 sólo un 36% manifestó estarlo. Quizás sea un punto importante, pero es un valor que se aparta del resto: la diferencia más extrema entre Moscú y Nueva York de todo nuestro estudio.

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En general, los resultados no dan mucho sustento a la idea de que los acontecimientos recientes tengan una explicación sencilla en términos de diferencias de actitud profundas hacia el libre mercado o el autoritarismo. Es un error decir que Rusia es una cultura fundamentalmente distinta a Occidente. En 1991 llegamos a la conclusión de que el carácter nacional ruso no era obstáculo para crear una economía de mercado en Rusia., y los hechos nos lo demostraron. Esperamos volver a estar en lo cierto y que no le impida convertirse en el futuro en una sociedad verdaderamente democrática.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen