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Aprovechar al máximo una mayor ayuda

PARÍS – Los esfuerzos para erradicar la pobreza mundial son los más intensos que se hayan desplegado. En 2014, por segundo año consecutivo, la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) alcanzó un récord histórico de 135 mil millones de dólares, de acuerdo con nuevos datos emitidos por la OCDE. Esto indica que las economías avanzadas mantienen su compromiso de promover el desarrollo global, a pesar de sus propios problemas actuales.

Sumemos a este total el gasto significativo de China, los Estados árabes y países latinoamericanos mediante inversiones y créditos, y se nota claramente que los flujos de AOD hacia el mundo en desarrollo han alcanzado niveles sin precedentes. Con todo, no se debe permitir que el optimismo generado por estos datos titulares opaquen las oportunidades de canalizar estos fondos más efectivamente.

Aleppo

A World Besieged

From Aleppo and North Korea to the European Commission and the Federal Reserve, the global order’s fracture points continue to deepen. Nina Khrushcheva, Stephen Roach, Nasser Saidi, and others assess the most important risks.

La AOD de países donantes ha ayudado a reducir a la mitad la pobreza extrema y la mortalidad infantil, y también ha sido motor de progreso en muchos otros frentes. Sin embargo, es cada vez más claro que los flujos sostenidos de asistencia al desarrollo no serán suficientes para erradicar la extrema pobreza para 2030 y poner en aplicación los nuevos objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, cuyo consenso se deberá hacer más adelante en el año.

El dinero que hoy se gasta en asistencia podría tener un impacto sustancialmente mayor si se usara para movilizar flujos fiscales internos e inversión privada en países dependientes de asistencia. Este uso de la AOD se puede capturar mejor en el nuevo indicador lanzado el 8 de abril por la OCDE: ayuda oficial total para el desarrollo.

En promedio, los países en desarrollo obtienen 17% de su PIB mediante recaudación fiscal, en comparación con el 34% en los países de la OCDE. Para algunos países la proporción es de solo 10%. Gran parte de las pérdidas de la recaudación fiscal desaparecen en flujos ilícitos que tienen como destino final el extranjero.

Por ejemplo, África pierde alrededor de 50 mil millones de dólares al año en flujos ilícitos, mucho más de lo que recibe en ayuda para el desarrollo. Posibilitar que los países en desarrollo generen tan solo 1% más del PIB mediante impuestos movilizaría el doble del dinero que representa la AOD total –y todo se podría dirigir hacia la educación, la salud, la seguridad o en programas de ayuda en efectivo.

Los rendimientos derivados del gasto en el fortalecimiento de sistemas fiscales pueden ser impresionantes. En Kenia, el proyecto dirigido por la OCDE, Inspectores fiscales sin fronteras, mostró que cada dólar gastado en trabajar con las autoridades para impedir la evasión fiscal resulta en 1290 dólares más en ingresos fiscales. De igual manera, en las Filipinas, los 500 mil dólares destinados a apoyar la reforma fiscal produjeron más de mil millones de dólares adicionales en recaudación fiscal. Con todo, actualmente solo 0.1% del total de la ayuda para el desarrollo, poco menos de 120 millones de dólares, se destina al fortalecimiento de sistemas fiscales en países en desarrollo.

Si se canaliza adecuadamente, la ayuda para el desarrollo también ofrece el potencial de movilizar la inversión privada si se gasta en reducir el riesgo. Las garantías, préstamos en condiciones favorables e inversiones de capital respaldadas con ayuda para el desarrollo pueden ayudar a atraer inversionistas, como ocurrió con los proyectos de energía solar en Mali y las plantas de manufactura en Etiopía. En 2014, el entonces Comisario de Desarrollo de la Unión Europea, Andris Piebalgs informó que el total de programas de ayuda de 2,1 mil millones de euros (2,2 mil millones de dólares) habían “logrado un apalancamiento estimado de 40,7 mil millones de euroes en 226 proyectos desde 2007 ”.

Es importante también destinar la ayuda a áreas donde más se necesita. Incluso cuando la ayuda se mantuvo en niveles históricos el año pasado, los fondos hacia los países menos desarrollados en realidad cayeron. Programas de larga data en países más prósperos recibieron mayores cantidades de dinero, mientras que los candidatos más pobres una vez más fueron ignorados.

Cuando los dirigentes mundiales se encuentren en Addis Abeba en julio para la Cumbre de financiamiento de desarrollo sostenible, tienen que acordar dirigir ayuda a aquellos países que tienen menos acceso a otras fuentes de financiamiento, más dificultades para atraer inversionistas y sistemas fiscales más vulnerables. Los grupos vulnerables como las minorías étnicas y religiosas y las poblaciones indígenas rurales que están luchando para romper el círculo de pobreza, deben recibir atención especial.

Los 29 países miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE han prometido revertir la disminución de la ayuda a los países más pobres del mundo. Estos países donantes también han prometido cumplir el objetivo de las Naciones Unidas de gasto de al menos 0.15% de su PIB en ayuda para el desarrollo hacia los países menos desarrollados. Asimismo, han acordado nuevas reglas que permitirían canalizar más recursos bajo condiciones más flexibles a los países más pobres, y poner en aplicación nuevas salvaguardias para asegurar la sostenibilidad de deuda.

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Somos la primera generación en la historia de la humanidad con los medios para sacar de la pobreza extrema a todas las personas del planeta. Hay suficiente dinero en el mundo. Es crucial que lo usemos más inteligentemente.

Traducción de Kena Nequiz