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Cómo cerrar la brecha de datos de la atención médica

BOSTON – Si bien gran parte del mundo hoy padece una sobrecarga de información, todavía hay lugares donde la información es escasa. Y esa escasez a veces se cobra vidas.

En el pabellón de maternidad de la mayor instalación de salud pública de Zanzíbar, el Hospital Mnazi Mmoja, los datos de los pacientes se anotan en un pizarrón. La información en la pizarra consiste en la cantidad de mujeres admitidas, el tipo y gravedad de sus trastornos y si sobrevivieron o no.

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A World Besieged

From Aleppo and North Korea to the European Commission and the Federal Reserve, the global order’s fracture points continue to deepen. Nina Khrushcheva, Stephen Roach, Nasser Saidi, and others assess the most important risks.

Esos datos pueden ser mejor que nada, pero no son gran cosa. No hay fechas ni horas ni sistemas de archivo de largo plazo. Está estrictamente prohíbo tomar fotografías del pizarrón, por lo que los registros duran sólo mientras permanecen allí.

La actitud de Zanzíbar en cuanto a los registros de salud no es única, De hecho, Zanzíbar probablemente sea una región más cuidadosa que otros lugares en África y Asia, donde simplemente no existen sistemas de recopilación de datos.

Cuando un país sufre este tipo de déficit de datos, sus políticas, presupuestos y estrategias de salud pública se deciden por propia conveniencia o por conjeturas. A veces las conjeturas son correctas, pero la mayoría de las veces no.

Este es un desafío importante para los sistemas de atención médica en el mundo en desarrollo. Recopilar información precisa sobre todos los pacientes (a la vez que se respeta la privacidad) es vital para monitorear las amenazas a la salud pública, las fallas en la atención y los errores médicos, y es una condición necesaria y esencial para llevar a cabo debates abiertos y honestos sobre cuestiones vinculadas a la salud pública que afectan a comunidades o países enteros.

Según un análisis del British Medical Journal realizado por Martin Makary y Michael Daniel de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, los errores médicos por sí solos son la tercera causa principal de muerte, después de las enfermedades cardíacas y el cáncer. En el contexto de su análisis, los errores médicos podrían incluir malos médicos, un criterio clínico deficiente, fallas de comunicación entre miembros o departamentos de personal y diagnósticos incorrectos.

No hay ninguna razón para pensar que este problema sólo atañe a Estados Unidos. Los ámbitos de atención médica en el mundo en desarrollo suelen enfrentar desafíos aún más difíciles, como la falta de capacidad técnica de los administradores de los hospitales, la escasez de personal, la mala capacitación, los medicamentos de baja calidad y la relativa impunidad para la mala praxis médica. Desafortunadamente, como tenemos datos tan limitados, no podemos saber hasta qué punto cualquiera de estos factores contribuye a que haya condiciones de salud deficientes y muertes evitables en los países en desarrollo.

Además de salvar potencialmente innumerables vidas, los datos confiables pueden reducir costos, financiera y psicológicamente. La carga financiara de la atención médica en países de ingresos bajos y medios es sustancial, a pesar del progreso que se ha hecho en la lucha contra el VIH, la malaria y la tuberculosis. Más allá de estas enfermedades, para las cuales existe un tratamiento y un seguimiento, en parte gracias a un amplio nivel de conciencia, muchas enfermedades no se identifican y siguen saturando los servicios de salud pública.

Entender las causas comunes de muerte es la única manera de mejorar la atención médica en comunidades con una alta incidencia de enfermedades, jerarquías patriarcales y poblaciones rurales grandes y dispersas que dependen de la medicina tradicional. En estos ámbitos, las interacciones de los pacientes con los médicos son poco frecuentes, de modo que es importante recopilar datos sobre esas interacciones cada vez que se pueda.

Las diferentes sociedades tienen necesidades de atención médica diferentes y llegar a entender plenamente cuáles son no es una tarea fácil. Pero podemos comenzar el proceso con tres pasos.

El primero consiste en crear conciencia al interior de las comunidades. Todo el mundo quiere que su vida y la de sus seres queridos sea saludable y productiva, de manera que recibirá con agrado toda información nueva sobre las razones por las que la gente en su comunidad se muere o se enferma. Con la llegada del periodismo ciudadano y las redes sociales, inclusive en los países pobres, las campañas de concientización pública hoy son más asequibles que nunca.

El segundo paso es diseñar mejores maneras de recopilar datos. Muchos países en desarrollo carecen de los fondos, la infraestructura y la capacitación necesarios para utilizar herramientas sofisticadas de recopilación de datos; pero esto no quiere decir que no puedan mejorar significativamente los mecanismos de recopilación de datos. Como ha demostrado Atul Gawande de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, las simples listas de control pueden resultar efectivas tanto en lo que concierne a la recopilación de datos como a la toma de mejores decisiones. Si los trabajadores de la atención médica y los responsables de las políticas en este sector saben qué datos son útiles y por qué, estarán en mejores condiciones de cambiar los resultados de la salud pública.

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El paso final es establecer una supervisión transparente de los datos que se recopilan. Algunos datos pueden indicar conclusiones políticamente inconvenientes o contradictorias; y los políticos pueden verse tentados de barrerlos debajo de la alfombra. En la era de las redes sociales y las publicaciones de acceso abierto, deberíamos exigir que los datos recientemente recopilados se pongan a disposición de una amplia gama de personas que investigan cuestiones vinculadas a la salud pública y trabajan en ámbitos de atención médica.

Finalmente, quizá no podamos prevenir las muertes causadas por ciertas enfermedades. Pero con más información, está a nuestro alcance poder prevenir aquellas muertes que son causadas por nuestra propia complacencia o incompetencia.