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La opinión pública estadounidense contra Trump

PRINCETON – Estados Unidos, presunto faro de la democracia en el mundo, estos días practica una extraña versión de la misma. Una candidata presidencial obtiene casi tres millones de votos más que su rival; pero este se consagra vencedor, con la inestimable ayuda de una potencia extranjera hostil. En cualquier otro lugar de la Tierra, eso se llamaría golpe de estado. Aquí en Estados Unidos le decimos Colegio Electoral.

Y todavía hay más. En una encuesta de opinión realizada por Pew Research entre el 30 de noviembre y el 5 de diciembre (cuando las elecciones ya habían proyectado sobre Donald Trump el brillo habitual del vencedor), sólo el 37% de los estadounidenses dijo que Trump era apto para ejercer la presidencia; sólo el 31% lo consideró una persona ética; y apenas el 26% lo vio como un ejemplo a imitar. Por otra parte, el 62% expresó dudas sobre su buen juicio, y el 65% lo consideró imprudente. ¿Y este hombre ganó?

Podría ser que a pesar de sus terribles atributos personales, las posturas de Trump en relación con cuestiones clave coincidieran con las del electorado. Como economista, dejaré a un lado las ideas (decididamente inquietantes) de Trump en política exterior, y me concentraré en las cuestiones económicas que, según aseguran muchos expertos, lo llevaron a la Casa Blanca. Lo cierto es que a juzgar por las declaraciones de Trump y de sus designados para el gabinete, sus posturas en casi todos los asuntos están del lado equivocado de la divisoria. Un repaso a la lista puede ser muy aleccionador.

Cambio climático: hay una sola cuestión económica que plantea una amenaza existencial a la vida en la Tierra. Durante la campaña, Trump la calificó de “patraña”, y designó a un negacionista del cambio climático, Scott Pruitt, como jefe de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, a la que Pruitt demandó en reiteradas ocasiones desde la fiscalía general del estado gaspetrolero de Oklahoma. No es la política que quiere la opinión pública estadounidense. Por el contrario, las encuestas de opinión muestran que la preocupación de los estadounidenses por el calentamiento global está en un máximo histórico o casi. Lo último que quieren los estadounidenses es ver Miami Beach o el bajo Manhattan cubiertos por las aguas.