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Los garrotes de China

NEW HAVEN – La administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está teniendo un error de cálculo importante al atacar a China. Parece estar evaluando un amplio rango de sanciones económicas y políticas -desde imponer aranceles punitivos y acusar a China de ser un "manipulador de la moneda" hasta abrazar a Taiwán y hacer a un lado unos 40 años de diplomacia enmarcada en torno de la llamada política de Una sola China.

Esta estrategia resultará contraproducente. Se basa en la idea equivocada de que un Estados Unidos ahora más poderoso tiene todas las ventajas frente a su supuesto adversario, y que prácticamente no vale la pena preocuparse por la respuesta china. Nada podría estar más alejado de la verdad.

Es cierto, Estados Unidos es uno de los principales mercados exportadores de China -y, por ende, un pilar central de su espectacular trayectoria de desarrollo de 35 años-. Cerrar el mercado estadounidense ciertamente afectaría el crecimiento económico chino.

Pero Estados Unidos también se ha vuelto sumamente dependiente de China, que hoy es el tercer mercado exportador, y el de más rápido crecimiento, de Estados Unidos. Y, como poseedor de más de 1,25 billones de dólares en bonos del Tesoro y otros activos denominados en dólares, China ha desempeñado un papel vital en la financiación de los déficits presupuestarios crónicos de Estados Unidos -en efecto, le prestó gran parte de su ahorro excedente a un Estados Unidos que, infelizmente, se manejó con negligencia a la hora de ahorrar lo suficiente para respaldar su propia economía.