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La yijad de Qatar

ABU DHABI – Qatar puede ser pequeño, pero está teniendo repercusiones importantes en todo el mundo árabe. Al apoyar a yijadistas violentos en Oriente Medio, el norte de África y países más lejanos, al tiempo que apoya a los Estados Unidos en su lucha contra ellos, ese país diminuto y rico en petróleo, el de mayores ingresos por habitante del mundo, de ser un tábano regional se ha transformado en un elefante truhán internacional.

Recurriendo a sus vastos recursos e impulsado por una ambición desmedida, Qatar ha surgido como un centro para los movimientos islamistas radicales. La enorme Gran Mezquita, iluminada por multitud de arañas, de Doha, la opulenta capital de Qatar, es un punto de encuentro de los militantes que se dirigen a aplicar la yijad en lugares tan diversos como el Yemen, Túnez y Siria. A consecuencia de ello, Qatar rivaliza ahora con Arabia Saudí –otro Estado wahhabi con una enorme riqueza de recursos– en la exportación del extremismo islamista.

Pero entre Qatar y Arabia Saudí hay diferencias importantes. El wahhabismo de Qatar es menos severo que el de Arabia Saudí: por ejemplo, a las mujeres qataríes se les permite conducir automóviles y viajar solas. En Qatar no hay una policía religiosa que imponga por la fuerza la moralidad, aunque los clérigos qataríes recauden fondos abiertamente para las causas de los activistas en el extranjero.

En vista de ello, tal vez no sea de extrañar que, mientras que la esclerótica dirección de Arabia Saudí aplica políticas reaccionarias enraizadas en una concepción puritana del islam, los jóvenes miembros de la familia real de Qatar han adoptado un planteamiento con visión de futuro. Qatar es la sede del canal de televisión por satélite Al Jazeera y de la Ciudad de la Educación, distrito situado fuera de Doha que alberga escuelas, universidades y centros de investigación.