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Las cinco lecciones del gobierno populista

VARSOVIA – Jarosław Kaczynski, líder de facto de Polonia, se ha convertido junto a Donald Trump en la imagen símbolo de la amenaza populista al modelo democrático occidental. Mientras esperamos la toma de mando de Trump como presidente el 20 de enero, vale la pena evaluar el primer año de gobierno populista en Polonia. Los resultados han sido contrarios a lo esperado.

La visión convencional de lo que espera a Estados Unidos (y posiblemente a Francia y los Países Bajos) en 2017 es un gobernante errático que adopta medidas contradictorias, principalmente para beneficiar a los ricos. Los pobres llevarán las de perder, porque -a pesar de sus promesas- los populistas no tienen la esperanza de restablecer los empleos en manufactura. Y continuará la entrada masiva de migrantes y refugiados porque los populistas no tienen planes de abordar sus causas de origen. Al final, los gobiernos populistas, incapaces de llevar un régimen eficaz, se derrumbarán y sus líderes harán frente a un juicio político o perderán la reelección.

Frente a Kaczynski había expectativas parecidas. Los liberales polacos pensaban que sus medidas buscarían beneficiar a los ricos, generando caos y tropezándose rápidamente, justo lo que ocurrió en 2005-2007 cuando el Partido Justicia y Libertad (PiS) de  Kaczynski estuvo por última vez en el gobierno.

Pero se equivocaban. El PiS se transformó, pasando de la irrelevancia ideológica a un partido capaz de implementar asombrosos cambios con gran velocidad y eficiencia. Los países que hoy temen la llegada de un gobierno populista harían bien en tener en cuenta sus cinco rasgos característicos.