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¿Por qué la gente inteligente vive más?

EDIMBURGO – La gente con mejores resultados en las pruebas de inteligencia durante la niñez y la adultez temprana tiende a vivir más. Este fue el resultado de un estudio entre gente de Australia, Dinamarca, Inglaterra y Gales, Escocia, Suecia y Estados Unidos. De hecho, se obtuvo el mismo resultado en todas las poblaciones sometidas a estudio.

Por cierto, el impacto de la inteligencia en la mortalidad compite con factores de riesgo bien conocidos para la enfermedad y la muerte, como alta presión sanguínea, sobrepeso, nivel elevado de glucosa en sangre y colesterol alto. Su efecto es casi tan importante como el del tabaquismo.

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Las diferencias en la inteligencia humana tienen causas ambientales y genéticas. El resultado de una prueba de inteligencia a edad temprana es en parte un registro de lo que el entorno infringió en el cerebro y el resto del cuerpo hasta ese momento. Los bebés que tienen un peso más bajo al momento del nacimiento, por ejemplo, son más proclives a sufrir enfermedades crónicas más tarde en la vida. También tienen, en promedio, una inteligencia levemente inferior. Pero las pruebas para determinar si el peso al momento del nacimiento podría explicar parte de la relación entre la inteligencia y la mortalidad no han arrojado ninguna conexión.

Las ocupaciones de los padres también están relacionadas con la inteligencia de su hijo y un posterior riesgo de enfermedad: los niños que provienen de entornos más privilegiados tienden a tener una inteligencia superior y mejor salud, y a vivir más. Sin embargo, no existe ninguna evidencia convincente de que el contexto paterno explique la relación entre mayor inteligencia y vida más prolongada.

Otros investigadores han considerado que los resultados de las pruebas de inteligencia tal vez indiquen algo más que un cerebro eficiente. Después de todo, el cerebro es sólo un órgano del cuerpo, de manera que la gente cuyo cerebro funciona bien a temprana edad también tiene otros órganos y sistemas que son más eficientes que los de otros.

Pero esta idea de "integridad del sistema" es relativamente vaga y difícil de probar. Lo mejor que se hizo hasta la fecha fue examinar si las velocidades de reacción de la gente están relacionadas con la inteligencia y la mortalidad. Lo están. Las pruebas de tiempos de reacción implican pensar poco y simplemente le piden a la gente que responda lo más rápido posible a estímulos simples. La gente que reacciona con mayor velocidad tiene, en promedio, mejores resultados de inteligencia y vive más. Pero necesitamos pensar en mejores mediciones de la integridad del organismo para probar esta idea de manera más exhaustiva.

Una tercera explicación potencial es que la inteligencia tiene que ver con tomar buenas decisiones. Todos los días, en el transcurso de la vida, tomamos decisiones sobre nuestra salud: qué, cuándo y cuánto comer; cuánto ejercicio hacer; cómo cuidarnos si tenemos una enfermedad, y demás.

Por lo tanto, la razón de que la inteligencia y la muerte estén relacionadas podría ser que la gente con mayor inteligencia en la niñez puede tomar mejores decisiones sobre la salud, y tener comportamientos más saludables. De adultos, tienden a tener mejores dietas, hacer más ejercicio, subir menos de peso, tener menos resacas y así sucesivamente.

Hasta ahora, vamos bien. Pero aún no tenemos la historia completa. No ha habido ningún estudio con datos sobre inteligencia infantil, muchos datos subsiguientes sobre los comportamientos de salud en la vida adulta y luego un seguimiento a largo plazo de las muertes. Y sólo un estudio de esas características podría decirnos si son estos comportamientos saludables los que explican la relación entre inteligencia y muerte.

Un cuarto tipo de explicación es que la gente con mayor inteligencia en la niñez tiende a obtener mejores calificaciones educativas, trabajar en empleos más profesionales, tener mayores ingresos y vivir en zonas más adineradas. Estas variables también están relacionadas con una vida más prolongada. De modo que quizá sea así: una mayor inteligencia le permite a la gente acceder a contextos más seguros y más congeniables con la salud.

Por cierto, en algunos estudios, la clase social en la adultez parece explicar gran parte de la relación entre inteligencia y muerte. El problema es que esta "explicación" es estadística. Todavía no estamos seguros, digamos, de si la educación y la ocupación "explican" el efecto de la inteligencia en la salud, o si simplemente son, en efecto, medidas sustitutas de la inteligencia.

Los investigadores también han buscado pistas sobre la relación inteligencia-mortalidad en tipos específicos de muerte. Esto ha sido revelador. Una menor inteligencia a temprana edad está asociada con una mayor probabilidad de morir, por ejemplo, de enfermedades cardiovasculares, accidentes, suicidio y homicidio. La evidencia en relación al cáncer es menos certera. A medida que fuimos descubriendo estos hallazgos específicos, nos dimos cuenta de que cada vinculación podría necesitar una explicación diferente.

Para terminar, sabemos que el nivel de inteligencia que tengamos y la cantidad de tiempo que viviremos están generados por influencias tanto ambientales como genéticas. Existen diseños experimentales, en los que se utilizan mellizos, que pueden determinar en qué grado la inteligencia y la mortalidad están asociadas porque comparten influencias ambientales y genéticas.

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Entre los ejercicios más informativos que podemos emprender en el terreno de la epidemiología cognitiva está obtener un grupo grande de mellizos sobre los que haya datos de inteligencia a temprana edad y que fueron rastreados durante un período prolongado para determinar quién había muerto. Aún no hemos encontrado un grupo lo suficientemente grande de mellizos con este tipo de información. Encontrar uno es una prioridad.

El máximo objetivo de esta investigación es averiguar qué tiene y hace la gente inteligente que le permite vivir más. Una vez que sepamos eso, podremos compartir y aplicar ese conocimiento con el objetivo de alcanzar una salud óptima para todos.