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El imperativo educativo de África

DUBÁI – El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, calificó la educación como “la mejor inversión” que los países pueden hacer para construir “sociedades prósperas, sanas y equitativas”. Esta idea es particularmente aplicable a África, donde estos últimos años se hicieron grandes inversiones en educación, que permitieron lograr importantes mejoras en alfabetización, escolarización e ingreso a la universidad. Pero el continente todavía tiene mucho por hacer.

Según la UNICEF, África subsahariana es hogar de más de la mitad de los 58 millones de niños de todo el mundo (especialmente niñas y muchachas) que no van a la escuela. Más de uno de cada cinco africanos de entre quince y veinticuatro años de edad no tiene empleo; sólo la tercera parte terminó la escuela primaria; y a pesar de ciertos avances, la proporción de africanos con educación superior todavía es baja.

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El hecho de que muchos indicadores sociales estén estancados o en baja es particularmente decepcionante, ya que África alberga muchas de las economías de más rápido crecimiento del mundo. Según un informe reciente de Naciones Unidas, entre 1990 y 2010 la cantidad de africanos que viven en la extrema pobreza aumentó casi el 40% hasta 414 millones. Cuatro de cada cinco muertes de niños de menos de cinco años ocurren en África.

Sin embargo, hay motivos para la esperanza. Se cree que en las próximas décadas, África registrará el mayor aumento del número de ricos. Y dos estudios recientes encargados por el Standard Chartered Bank indican que las personas pudientes, cada vez más numerosas, consideran que la educación es una prioridad.

En el primer estudio se encuestó a personas de ingresos medios en Nigeria, Ghana y Kenia, y la mayoría respondió que durante los próximos cinco años planea gastar más en la educación de sus hijos, a pesar de que hasta el 20% de los encuestados apenas tenían un nivel mínimo de educación. Un proverbio chino dice que todos los padres quieren que sus hijos sean dragones y sus hijas, fénix, y los africanos no son diferentes.

El segundo estudio mostró que los empresarios africanos dueños de grandes riquezas asignan a la educación la mayor prioridad como objetivo de beneficencia; y más del 90% de ellos ya participan en actividades filantrópicas relacionadas con la educación. En Nigeria, donde hay ciento cincuenta jets privados pero sólo cuatro organizaciones benéficas registradas, Aliko Dangote (la persona más rica de África) donó cerca de 200 millones de dólares a causas educativas en los últimos dos años.

Otros filántropos locales, como Strive Masiyiwa y Nicky Oppenheimer, también hicieron importantes contribuciones. Estos benefactores, junto con las empresas privadas y el sector público, serán esenciales para asegurar que todos los jóvenes africanos (no sólo los de familias ricas) tengan acceso a educación de calidad.

Pero se necesita más que dinero. Hay que ir más allá de dar cheques a organizaciones benéficas y contribuir activamente en la construcción de escuelas, la financiación de becas y la capacitación de maestros. Y felizmente, ese cambio ya comenzó.

Por ejemplo, el Standard Chartered, en colaboración con la Fundación Varkey GEMS, financia la capacitación de maestros de escuela en Uganda, con la idea de que una mejor enseñanza redundará en un mejor desempeño de los estudiantes. Y la Fundación MasterCard provee a estudiantes africanos carenciados ayuda financiera para asistir a la escuela secundaria y a la universidad.

Todos estos actores saben que una fuerza de trabajo educada hará posible un crecimiento estable e inclusivo que traerá enormes beneficios. Pero garantizar el éxito económico a largo plazo no depende solamente de aumentar las tasas de alfabetismo y de ingreso a la universidad, sino que también demanda un sistema educativo que prepare a los trabajadores para satisfacer las demandas del dinámico mercado laboral africano.

Esto implica, sobre todo, asegurar que las personas obtengan habilidades prácticas que sirvan para impulsar el desarrollo económico durante las próximas décadas. Tener muchos trabajadores capaces de fabricar artículos electrónicos, diseñar productos textiles, administrar centros de salud y dividir enzimas es más importante que tener abundantes graduados en historia o literatura. Esto también implica que, siguiendo los ejemplos de Singapur y Alemania, hay que crear caminos claros desde la educación al empleo.

Dangote cuenta que una vez su fábrica anunció unas pocas vacantes para choferes de camión y se anotaron miles de graduados universitarios. Esta experiencia lo motivó a fundar la Academia Dangote, un centro de desarrollo de talento cuyo objetivo es ayudar a cerrar la brecha de habilidades industriales en Nigeria y otros países. Estas iniciativas son cruciales para vincular la educación con el desarrollo económico y el aumento de la prosperidad.

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En 2040, África tendrá 1.100 millones de ciudadanos en edad de trabajar, más que India o China. Con la educación, las habilidades y las oportunidades laborales correctas, esta inmensa fuerza laboral podrá impulsar un crecimiento económico veloz y sostenible para toda la región. Sin todo eso, lo más probable es que África experimente aumento del desempleo y de la desigualdad, desorden social y, finalmente, conflicto y caos.

Traducción: Esteban Flamini