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La verdad sobre el cambio climático

EXETER – Mucha gente pregunta cuán seguros estamos sobre la ciencia del cambio climático. El análisis más definitivo de la evidencia científica ha de encontrarse en el trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, tal su sigla en inglés) y su último informe de relevancia publicado en 2007. Yo tuve el privilegio de presidir o copresidir las evaluaciones científicas del Panel entre 1988 y 2002.

Muchos cientos de científicos de diferentes países participaron como colaboradores y revisores de estos informes, que probablemente sean las evaluaciones internacionales más integrales y minuciosas sobre cualquier tema científico que alguna vez se hayan llevado a cabo. En junio de 1995, justo antes de la cumbre del G-8 en Escocia, las Academias de Ciencia de las 11 economías más grandes del mundo (el G-8 más India, China y Brasil) emitieron un comunicado respaldando las conclusiones del IPCC e instando a los gobiernos mundiales a emprender una acción urgente para abordar el cambio climático. Los principales científicos del mundo no podrían haberse expresado de manera más contundente.

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Desafortunadamente, fuertes intereses personales han invertido millones de dólares en difundir desinformación sobre el cambio climático. Primero, intentaron negar la existencia de cualquier evidencia científica sobre el calentamiento global. Más recientemente, en gran parte han aceptado la realidad del cambio climático antropogénico (fabricado  por el hombre), pero sostienen que sus impactos no serán grandes, que podemos ampquot;esperar a verampquot; y que, en cualquier caso, siempre podemos solucionar el problema si resulta ser sustancial.

La evidencia científica no respalda estos argumentos. Se necesita una acción urgente tanto para adaptarse al cambio climático que es inevitable como para reducir las emisiones de gases de tipo invernadero, especialmente CO2, para impedir un mayor deterioro en la medida de lo posible.

En la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, las naciones del mundo adhirieron a la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuyo objetivo es ampquot;estabilizar la concentración de gases de tipo invernadero en la atmósfera a un nivel que no cause una peligrosa interferencia con el sistema climático…, que permita que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, que asegure que la producción de alimentos no resulte amenazada, y que le permita al desarrollo económico proceder de manera sustentableampquot;. Llegado el caso, este tipo de estabilización incluso frenaría un mayor cambio climático.

Hoy se admite que un daño generalizado debido, por ejemplo, a un aumento del nivel del mar y a olas de calor, inundaciones y sequías más frecuentes e intensas ocurrirá incluso aunque se trate de pequeños aumentos de la temperatura promedio global. Por lo tanto, es necesario que se hagan grandes esfuerzos para mantener el incremento de la temperatura global promedio por debajo de los 2°C en relación a su nivel preindustrial.

Si queremos tener una buena posibilidad de alcanzar este objetivo, no debe permitirse que la concentración de CO2 supere las 450 partes por millón (hoy está cerca de 390 ppm). Esto implica que antes de 2050 las emisiones globales de CO2 deben reducirse a menos del 50% del nivel de 1990 (actualmente están 15% por sobre ese nivel), y que las emisiones promedio en los países desarrollados tienen que reducirse en por lo menos el 80% del nivel de 1990. El Reino Unido ya se ha comprometido a un objetivo vinculante de reducción de las emisiones en esos valores, y el presidente Barack Obama ya ha manifestado su intención de que Estados Unidos también se proponga ese objetivo.

Un requerimiento claro es que se interrumpa la deforestación tropical, responsable del 20% de las emisiones de gases de tipo invernadero, en la próxima década o dos. Con respecto a las emisiones resultantes de la quema de combustibles fósiles, la Agencia Internacional de Energía (AIE) en sus ampquot;Perspectivas de Tecnología Energéticaampquot; describió en detalle las tecnologías y acciones que son necesarias en los diferentes países y sectores para alcanzar estos objetivos.

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En el corto plazo, la AIE señala que será necesaria una acción muy fuerte y determinada para asegurar que las emisiones globales de CO2 dejen de aumentar (el incremento actual es más del 3% por año), alcancen un pico aproximadamente en 2015 y luego declinen sostenidamente hacia el objetivo de 2050. La AIE también señala que los objetivos se pueden alcanzar sin un perjuicio económico inaceptable. De hecho, la AIE enumera muchos beneficios que pueden materializarse si se siguen sus recomendaciones.

Lo que se requiere ahora es reconocer que el cambio climático antropogénico afectará seriamente a nuestros hijos y nietos, a los ecosistemas mundiales y a las comunidades más pobres del mundo, y que la gravedad del impacto puede aliviarse sustancialmente si se emprende una acción hoy mismo.