La sombra del Creciente

NUEVA YORK -- Mientras el Pakistán se atrofia en su crisis existencial, una pregunta fundamental sobre la naturaleza del país está pasando a primer plano: ¿son sus ciudadanos unos pakistaníes que resultan ser musulmanes o son unos musulmanes que resultan ser pakistaníes? ¿Qué está primero: la bandera o la fe?

No es una cuestión que muchos pakistaníes puedan resolver fácilmente. La inmensa mayoría de la llamada “minoría instruida” del país no parece dudar a la hora de identificarse primero como musulmanes y después como pakistaníes. Algunos consideran que su religión es lo más importante para ellos y que a ella irá dirigida siempre su lealtad en primer lugar. Otros reconocen tener poca consideración para con la religión, pero dicen que el Pakistán ha llegado a significar tan poco para ellos que incluso su lealtad a la religión es mayor que la que sienten por su país.

La disposición a subordinar el Estado frente a Dios, incluso entre los muy instruidos, es un factor fundamental en la crisis del Pakistán. ¿Cómo puede un país abrigar la esperanza de prosperar, si la mayoría de sus ciudadanos profesan sólo una lealtad secundaria al Estado? ¿Cómo puede progresar, si, como escribió el conocido autor M.J. Akbar, “la idea del Pakistán tiene menos fuerza que el pakistaní”.

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