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Globalizar el desarrollo sostenible

WASHINGTON, DC – La cuestión de cómo el mundo puede poner fin a la pobreza extrema y mejorar el bienestar humano cobrará nueva urgencia en 2015, cuando venzan los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se termine de dar forma a un nuevo conjunto de objetivos: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos.

El «Informe de síntesis» del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que describe los principales elementos de la agenda pos-2015, proporciona una sólida guía sobre el aspecto que deberá tener el desarrollo sostenible y las acciones que deben implementar los líderes mundiales durante los próximos 15 años para lograrlo. Después de dos años de dar forma al «qué» del desarrollo sostenible, el próximo año debe centrarse en cómo lograrlo.

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La ambición principal es audaz: erradicar la pobreza extrema para 2030. Para que eso ocurra, los ODS deberán apartarse del modelo de desarrollo del siglo XX, en el cual los países ricos daban dinero a los países pobres, principalmente para alimentar a los hambrientos, y mejorar la salud y la educación. Los ODM fueron extremadamente exitosos en varias de esas áreas. Pero el panorama ha cambiado significativamente desde entonces. Un nuevo conjunto de economías emergentes –que incluye a China, India, Brasil y Sudáfrica– busca modernizarse a toda velocidad. El sector privado está asumiendo un papel más importante en el desarrollo económico y la degradación medioambiental amenaza los logros de las décadas recientes.

Los ODS deberán trascender la idea de un planeta descarnadamente dividido entre quienes dan ayuda y quienes la reciben. Los nuevos objetivos deben considerar un mundo que experimenta una rápida globalización, donde todos los países cuentan tanto con activos como con necesidades. Los desafíos actuales van más allá de la salud, los alimentos y la educación. Los ODS deberán integrar esas preocupaciones con las demandas de la creciente clase media mundial, los efectos del desplazamiento del poder económico y político, y los desafíos de la sostenibilidad medioambiental, incluido el cambio climático.

Tres ingredientes serán esenciales para lograr las metas: mecanismos de financiación, comercio y asociaciones. Cuarenta años después de la promesa de los países ricos para dedicar el 0,7 % de su PBI a la asistencia, los compromisos se mantienen en un nivel inferior a la mitad de esa meta. Si bien la mayoría de las economías emergentes ya no dependen de la asistencia, esta continúa siendo fundamental para los países con bajos ingresos. Dicho eso, incluso si se alcanzaran las metas de ayuda, pasar al desarrollo sostenible costará mucho más que lo que puede cubrir la asistencia por sí sola. Debemos buscar nuevas fuentes de financiamiento, garantizar que el gasto gubernamental esté alineado con la agenda del desarrollo sostenible y centrarnos en las áreas donde el dinero puede lograr más beneficios.

En gran parte del mundo en vías de desarrollo, invertir en desarrollo sostenible es complicado porque los ingresos fiscales son demasiado escasos para pagar lo que hace falta. No siempre es cuestión de elevar las tasas impositivas, sino que a menudo está relacionado con poder cobrar a las personas y las empresas lo que deben. Cerrar los vacíos legales y tomar medidas enérgicas contra la evasión son dos maneras de garantizar el cobro de los impuestos. La OCDE estima que cada dólar de asistencia gastado para mejorar el cobro de los impuestos genera en promedio 350 dólares de ingresos. Un compromiso compartido basado en iniciativas del G8 haría que la evasión impositiva que depende de los paraísos fiscales o el lavado de dinero fuera más difícil ocultar.

Los gobiernos no pueden proporcionar un futuro sostenible por sí solos. El sector privado también tiene un papel importante que desempeñar en relación con la energía, la agricultura y el desarrollo urbano, incluidos los sistemas de transporte y agua, que pueden impulsar la innovación y las oportunidades económicas. Si bien los niveles de financiamiento privado eclipsan a las finanzas públicas internacionales, dirigir esos fondos privados hacia programas que lleguen a los más pobres y protejan al medioambiente requiere incentivos de política adecuados, como la fijación del precio del carbono, la certidumbre regulatoria y el uso acertado del dinero público.

El comercio impulsa la producción local y genera ingresos que pueden ayudar a financiar el desarrollo. En los últimos 15 años hubo importantes mejoras en el acceso al mercado: el 80 % de las exportaciones de los países en vías de desarrollo hacia países desarrollados está ahora libre de aranceles, y los aranceles promedio han caído en términos generales.

Pero las barreras paraarancelarias pueden ser más costosas que los aranceles para los países exportadores. Se necesita una asociación internacional que ayude a los países de bajos ingresos a integrarse al mercado globalizado y mejore simultáneamente los estándares ambientales y laborales. Los ODS pueden crear el impulso político para esos esfuerzos, que luego podrán ser enmarcados por la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2015.

Lograr que el desarrollo sea sostenible también requerirá una innovación y difusión acelerada de la tecnología, a partir de este momento y hasta 2030. Una asociación mundial podría impulsar la inversión en investigación y desarrollo y facilitar el flujo de información entre los científicos, los empresarios y los responsables del diseño de políticas.

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Esas asociaciones nuevas y creativas pueden lograr avances en problemas complejos que los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado no pueden, o no resolverán por sí solos. Por ejemplo, la Alianza GAVI (antes llamada Alianza Global de Vacunas e Inmunización), una asociación que incluye organizaciones internacionales, de filantropía, gobiernos, empresas y organizaciones de investigación, ha vacunado a 440 millones de niños desde el año 2000 y ayudó a evitar más de 6 millones de muertes. Debemos mejorar y ampliar este tipo de asociaciones a otros desafíos, como los de la infraestructura, la agricultura y la energía.

Desde ahora y hasta septiembre de 2015, cuando los jefes de estado se reúnan para la Asamblea General de la ONU, tenemos la oportunidad histórica para orientar al mundo hacia un camino más sostenible que erradicará la pobreza y aumentará la prosperidad para todos. Los objetivos ambiciosos ofrecen una sólida base para un futuro más brillante. Durante los próximos meses, sin embargo, los líderes deben trabajar conjuntamente para encaminar al mundo en pos de la concreción de esta visión.