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La nueva realidad fiscal

PARÍS – "Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Usted qué hace, señor?" Se dice que ésta es la manera en que Keynes respondió a las críticas de que había cambiado su posición respecto de las políticas para responder a la Gran Depresión. El pragmatismo de este tipo ya no es tan común: las opiniones políticas suelen caracterizarse por una considerable inercia. Con demasiada frecuencia, las perspectivas de hoy siguen moldeadas por los hechos de ayer.

La política fiscal es un ejemplo. Los hechos han cambiado de dos maneras significativas. Primero, para los estados soberanos los costos de endeudamiento a largo plazo son excepcionalmente bajos. A finales de octubre, el rendimiento anual para los bonos gubernamentales emitidos por Francia, un país con una deuda pública que se acerca al 100% del PIB, fue de 0,5% para los bonos a diez años y de 1,6% para los bonos a 50 años. Italia y España, que en ambos casos enfrentaron la reticencia de los inversores hace cinco años, también han podido recurrir al mercado para bonos a 50 años. Mientras dure la alta demanda de deuda gubernamental (un tema de debate entre los economistas), ofrece una oportunidad sin precedentes de financiar la inversión pública.

Un factor clave a la hora de decidir endeudarse o no es la diferencia entre la tasa de crecimiento del PIB nominal y la tasa de interés: si es negativa, la deuda se puede pagar fácilmente, porque el ingreso nominal crece más rápido que la carga de intereses. Si usamos el pasado (bastante miserable) como vara de medición, es difícil creer que el PIB nominal francés vaya a aumentar menos del 0,5% anual en los próximos diez años: del 2005 al 2015, el crecimiento nominal promedió el 2,1%. De manera que las bajas tasas de interés son una oportunidad que no se debería desaprovechar.

La segunda manera en que los hechos han cambiado tiene que ver con que el crecimiento de la producción ha sido poco satisfactorio. En sus últimas Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional observó que, a pesar de la caída de los precios del petróleo y las condiciones monetarias favorables, la producción y la inversión en los países avanzados se han mantenido consistentemente por debajo de las expectativas en los últimos dos años. La perspectiva para la eurozona es especialmente decepcionante: el FMI espera que el crecimiento de la producción se desacelere del 2% en 2015 al 1,7% en 2016 y al 1,5% en 2017.