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Entrenando a los futuros profesionales de la salud de Oriente Medio

BOSTON – Los desafíos de la salud pública en Oriente Medio son enormes, especialmente cuando se tiene en cuenta la población transitoria de refugiados y trabajadores migrantes de la región. La población de refugiados por sí sola hoy asciende a millones de personas y está agotando los sistemas de salud en Jordania, Líbano y Turquía casi hasta el punto de quiebre.

Los países ricos del Consejo de Cooperación del Golfo estarían errados si se creen exentos de los problemas de salud pública de sus vecinos. Mientras que los países del CCG han hecho progresos importantes en materia de higiene y salud materna e infantil, conforman el epicentro global de enfermedades crónicas no transmisibles -como la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardíacas y, cada vez más, el cáncer- que resultan del estilo de vida y los hábitos de comida.

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Peor aún, los sistemas de salud nacionales de los países del CCG tienen una escasez, a nivel local, de médicos clínicos y de profesionales capacitados que trabajen en los servicios de salud pública. Esto se traduce en un reemplazo elevado de trabajadores debido al exceso de trabajo y en una mayor necesidad de trabajadores de la salud extranjeros para ocupar puestos extremadamente necesarios.

Los responsables de las políticas del CCG han hecho lo correcto al centrarse en incrementar el acceso y los subsidios para una atención médica de calidad. Pero la distribución justa de los servicios de atención médica entre las poblaciones nativas y migrantes suele ser una cuestión espinosa cuando se habla de políticas. Y ahora las autoridades también deben prestarle más atención a la propia fuerza laboral del área de salud, para asegurar que los profesionales estén educados y capacitados correctamente para los desafíos que enfrentará la región.

Los programas de capacitación en los sistemas nacionales de salud del CCG hoy no se centran lo suficiente en la innovación o en sistemas destinados a mejorar la eficiencia y la efectividad. Si los médicos clínicos y los trabajadores de la salud no reciben una capacitación multidisciplinaria, no contarán con las herramientas para reconocer y ocuparse de las necesidades de la salud pública local en toda la región. Específicamente, para mejorar el suministro de servicios y atención médica, los países del CCG tendrán que desarrollar un nuevo marco de políticas que abarque tanto al sector educativo como al de la salud pública.

La educación superior se ha expandido rápidamente en Oriente Medio en los últimos diez años. Los gobiernos han creado zonas de libre comercio educativas -como las "Aldeas del conocimiento" y las "Ciudades de la educación" en los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, respectivamente -y han invertido miles de millones de dólares en universidades nuevas y existentes, como en Arabia Saudita. Como resultado de ello, las nuevas universidades, las instituciones de investigación y los programas educativos han atraído a académicos y otros profesionales a la región.

Sin embargo, son muy pocos los estudiantes locales -y mucho menos los jóvenes- que cursan carreras de salud pública. Si bien la cantidad general de alumnos que estudian salud pública es cada vez mayor, la mayoría de ellos vienen de afuera de la región, lo que no hará más que intensificar la actual dependencia excesiva de trabajadores extranjeros.

Muchas de las universidades de la región han privilegiado la innovación, lo cual es una buena señal para el mejoramiento de los servicios de atención médica. Pero, si bien la salud pública es un desafío regional importante, hasta el momento las universidades le han prestado mucha más atención a temas vinculados a la ingeniería y la tecnología.

Dentro de la educación en atención médica en sí misma, según mi propio análisis de las instituciones locales, los estudiantes aprenden a tratar problemas médicos individuales, pero no aprenden lo suficiente sobre cuestiones de salud pública más importantes, y los planes de estudio actuales no exponen a los alumnos a cuestiones que afectan a los refugiados, los migrantes o la población en general. Si bien instituciones como Weill Cornell en Qatar y la Universidad de Ciencia y Tecnología del Golfo en Kuwait han lanzado programas de investigación y capacitación innovadores que se centran en estos tipos de desafíos de la salud, todavía hay mucho por hacer.

Otro problema es que los programas educativos y de capacitación de la región no fomentan lo suficiente el pensamiento sistémico. A nivel mundial, la política de salud pública está avanzando hacia una mayor integración multidisciplinaria de la ingeniería, la medicina, las ciencias sociales y de gestión y las humanidades. Al no abrazar todavía una estrategia integral, las instituciones del CCG corren el riesgo de quedar rezagadas respecto de los estándares globales.

La tecnología y las nuevas estrategias para la salud pública son importantes; pero no serán efectivas si no están diseñadas para satisfacer las necesidades reales de la gente local. Es por este motivo que los países del CCG deberían alentar e invertir en el desarrollo tecnológico a nivel local, y crear oportunidades para que los ingenieros trabajen con profesionales de la salud a nivel local. Ese tipo de alianzas son necesarias para enfrentar las enfermedades infecciosas y crónicas que amenazan a las comunidades en toda la región, y tienen el beneficio adicional de ofrecer oportunidades empresariales para los jóvenes de la región. 

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Los países de Oriente Medio necesitan marcos plenamente integrados y orientados a la innovación para capacitar a los profesionales de la salud, de manera que puedan enfrentar sus desafíos de salud pública actuales y prepararse para otros nuevos e inesperados, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (comúnmente conocido como MERS), el ébola y otras enfermedades infecciosas que pueden aparecer con poco o ningún aviso.

La población de Oriente Medio seguirá creciendo; pero el crecimiento de la región en relevancia global como centro para el desarrollo comercial y económico dependerá, en parte, de la capacidad de sus gobiernos de reformar la educación y la práctica en el campo de la salud pública.