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Es hora de poner la salud pública en el mapa

SEATTLE – Hace veinticinco años, la salud de grandes poblaciones se encontraba en situación similar a la de un médico que intentara curar a un paciente sin un diagnóstico adecuado: no había un seguimiento riguroso de datos de las enfermedades y lesiones que acortaban vidas y causaban sufrimiento en todo el mundo.

En aquella época, bienintencionados activistas en la lucha contra diversas enfermedades respaldaban sus pedidos de financiación y atención publicando las cifras de mortandad relacionadas. Pero al sumar todos los datos, el total superaba con creces la cantidad de personas que realmente morían en un año dado. Y si las autoridades contaban con datos precisos, era común que solo incluyeran las enfermedades causantes de muerte, no las que afligen a personas vivas.

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Para resolver este problema, en 1990 Alan López y yo lanzamos el proyecto Carga Global de Enfermedades (GBD por sus siglas en inglés). Los encargados de tomar decisiones necesitan información sobre las principales amenazas sanitarias mundiales y sus variaciones a lo largo del tiempo y según franjas etarias y sexos, para lograr que todos tengan oportunidad de vivir una vida tan larga y sana como sea posible.

El GBD asegura que cada muerte se contabilice una sola vez, y brinda estadísticas completas sobre los trastornos de salud; esto permite comparar, por ejemplo, la incidencia del cáncer con la del dolor lumbar o la depresión, y el desempeño de los sistemas de salud de distintos países.

El estudio del GBD en 1990 y sus revisiones posteriores subieron la vara en materia de mediciones de salud poblacionales y pusieron información más confiable y útil a disposición de las autoridades. También llamaron la atención de la comunidad internacional del desarrollo sobre la importancia de males antes subestimados, como las enfermedades mentales y las lesiones por accidentes de tránsito. Donantes como el Banco Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates basan sus inversiones en datos del GBD, y más de 30 países han realizado estudios propios de carga de enfermedades.

Países como Arabia Saudita, Australia, Botsuana, China, México, Noruega, el Reino Unido y Ruanda tienen en cuenta los hallazgos del GBD al definir sus políticas sanitarias. En China, los resultados del proyecto GBD, presentados en una cumbre de políticas en 2013, visibilizaron el impacto mortal de la contaminación del aire en la población del país y ayudaron a definir los esfuerzos del gobierno chino para limitar sus efectos sanitarios negativos; hoy investigadores chinos son parte fundamental del proyecto de colaboración global.

En Ruanda, cuando el estudio del GBD reveló la alta mortandad debida a la contaminación del aire hogareño por el uso de combustibles sólidos, el gobierno lanzó un programa para distribuir un millón de cocinas no contaminantes entre las familias más vulnerables. Científicos ruandeses y funcionarios del ministerio de salud del país (incluida la ministra) son importantes contribuidores al GBD.

El GBD mejora día a día gracias a los esfuerzos de más de 1300 colaboradores en 114 países, que trabajan en mejorar los modelos en los que se basa el proyecto, evalúan los resultados del estudio, contribuyen nuevos conjuntos de datos y comunican los resultados a medios de prensa, instituciones educativas y funcionarios. El último estudio del GBD reveló que otro padecimiento escasamente discutido en el ámbito internacional del desarrollo (el dolor lumbar y cervical) es la cuarta causa mundial de enfermedad. También puso de manifiesto la veloz transición epidemiológica que se está dando en países de ingresos medios y la persistencia de los trastornos transmisibles, maternos, neonatales y nutricionales en África subsahariana.

Pero si el GBD pudiera proveer un desglose más detallado de los datos, sería aún más eficaz para iluminar los debates de definición de políticas y alentar mejoras sanitarias. Los gobiernos son responsables ante todo ante sus comunidades, cuyas necesidades propias deben satisfacer. Contar con estimaciones de la incidencia local de enfermedades es esencial para combatir padecimientos como el ébola, frenar la mortandad creciente debida a enfermedades no transmisibles en países de ingresos medios y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la salud materno‑infantil en África subsahariana.

Para ayudar a las autoridades a usar mejor los datos disponibles, el Instituto de Mediciones Sanitarias que dirijo está creando mapas geoespaciales de las enfermedades, con un nivel de resolución nunca antes visto. Esto es posible gracias a métodos desarrollados por el Proyecto Atlas de la Malaria, que generó una comprensión espacial de la malaria mejor que la que tenemos de cualquier otro patógeno.

Los mapas geoespaciales pueden individualizar aquellas áreas que hacen los mayores avances y ayudarnos a identificar comunidades que aplicaron métodos distintos a los de sus vecinos. De este modo, las comunidades pueden emular los éxitos de sus pares. Un ejemplo es Cali (Colombia), que en los noventa logró una reducción de las tasas de homicidio, cuando su alcalde Rodrigo Guerrero endureció las restricciones al alcohol, introdujo programas de desarrollo comunitarios en los vecindarios más empobrecidos e impuso prohibiciones temporales a la portación de armas en espacios públicos.

El alcalde de la capital de Colombia, Bogotá, se enteró del programa de Cali e implementó medidas similares que han ayudado a una reducción sostenida de los homicidios en la ciudad. Desde entonces, Guerrero trabaja con el Banco Interamericano de Desarrollo para crear programas que ayuden a otros países latinoamericanos a reducir la violencia en sus comunidades. En 2014 Guerrero ganó el Premio Roux por su aplicación de datos a la mejora sanitaria, con lo que su trabajo se hizo aún más conocido. El trazado de mapas geoespaciales nos ayudará a identificar a otros Rodrigo Guerrero y promover sus logros.

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En momentos en que la comunidad internacional se pone de acuerdo en las herramientas necesarias para financiar y medir el progreso en pos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (sucesores de los Objetivos de Desarrollo del Milenio), los mapas geoespaciales serán una herramienta fundamental para evaluar los avances y detectar áreas que demanden un cambio de rumbo. En materia de mediciones sanitarias, estamos mucho mejor que en 1990. Con un esfuerzo concentrado y más innovación, podremos avanzar aún más en los próximos 25 años para ayudar al mundo a aprovechar al máximo nuestra inversión colectiva en salud.

Traducción: Esteban Flamini