Brazilian public schools Evaristo Sa/Getty Images

Una agenda para el activismo fiscal global

LONDRES – Dos eventos importantes asoman en el calendario este mes: las elecciones presidenciales de Estados Unidos el 8 de noviembre y la primera Declaración de Otoño del ministro de Finanzas británico, Philip Hammond, el 23 de noviembre. Obviamente, este último no será un evento tan importante como el primero, pero, de todos modos, tendrá consecuencias importantes más allá del Reino Unido.

En lo que va del año, la economía ha tenido que competir con cuestiones más emocionales, como los ataques personales en la elección estadounidense y la decisión de los votantes del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Pero, tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido -y no sólo allí-, seguramente oiremos hablar más de políticas fiscales activas, especialmente con respecto a la infraestructura.

En el comunicado difundido en la cumbre del G-20 de septiembre, los líderes del grupo mencionaron en repetidas oportunidades diversas medidas para impulsar el crecimiento mundial a través de la inversión en infraestructura, y se declararon a favor de una mayor coordinación entre las políticas monetarias, fiscales y estructurales. Si bien los datos recientes de Estados Unidos y China -y, sorprendentemente, también de la eurozona y el Reino Unido- sugieren que el crecimiento del PIB en el cuarto trimestre podría mejorar respecto del desempeño lento de comienzos de año, todavía se puede insistir en la implementación de políticas originales para fortalecer la economía mundial.

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