A Greenpeace activist holds a placard FABRICE COFFRINI/AFP/Getty Images

Depresión post-Davos

DAVOS – He asistido a la conferencia anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza -donde la llamada elite global se congrega para discutir los problemas del mundo- desde 1995. Nunca salí tan desanimado como este año.

El mundo está plagado de problemas prácticamente insolubles. La desigualdad está en aumento, especialmente en las economías avanzadas. La revolución digital, a pesar de su potencial, también conlleva serios riesgos para la privacidad, la seguridad, los empleos y la democracia -desafíos que están agravados por el creciente poder monopólico de unos pocos gigantes de datos norteamericanos y chinos, entre ellos Facebook y Google-. El cambio climático representa una amenaza existencial para toda la economía global tal como la conocemos.

Sin embargo, quizá más desalentadoras que esos problemas sean las respuestas. Sin duda, aquí en Davos, los CEO de todo el mundo empiezan la mayoría de sus discursos afirmando la importancia de los valores. Sus actividades, sostienen, están destinadas no sólo a maximizar las ganancias para los accionistas, sino también a crear un futuro mejor para sus empleados, las comunidades en las que trabajan y el mundo en general. Pueden inclusive hablar de la boca para afuera de los riesgos que plantean el cambio climático y la desigualdad.

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