Las mujeres y el desarrollo

COPENHAGUE – Una niña nacida en el Asia meridional o en el África subsahariana afronta una doble carga cruel. Crecerá en una región asediada por la pobreza, las enfermedades, la guerra o el hambre. Además, afrontará esas amenazas con la desventaja suplementaria de ser mujer.

Aunque se está prestando más atención a las cuestiones relativas a las diferencias entre los sexos, la desigualdad persiste en todos los países, las culturas y los continentes. Un nuevo estudio para el proyecto Consenso de Copenhague muestra que la eliminación de esa disparidad es una inversión con grandes rendimientos.

Pese al interés mundial por la educación para todos, muchas niñas de países pobres siguen privadas de la educación básica; desde el comienzo se encuentran en una situación de desventaja. Tres de cada cinco niños analfabetos del mundo son niñas. En particular en el Asia meridional y en el África subsahariana, las normas culturales y las dificultades económicas hacen que los padres se abstengan de enviar a sus hijas a la escuela o de mantenerlas en ella durante tanto tiempo como a sus hijos varones. Esa desigual inversión no es equitativa ni eficiente.

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