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El inesperado buen inicio de Trump con la India

WASHINGTON, DC – Antes de la reciente reunión entre el primer ministro indio, Narendra Modi, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, las expectativas eran modestas. Hasta el gobierno indio restó importancia a lo que calificó como una visita “sencilla” de Modi a la Casa Blanca. Pero al final, los mandatarios de las dos democracias más populosas del mundo hicieron grandes avances y demostraron el poder de la diplomacia para transformar desafíos en oportunidades.

Pese a que la relación entre ambas partes se ha vuelto más estrecha, el último tiempo hubo cierta desconfianza mutua. El gobierno de Trump está preocupado por cuestiones como el creciente déficit comercial bilateral, la competencia de profesionales informáticos indios con trabajadores estadounidenses y acusaciones de que India usó el acuerdo climático de París para obtener fondos de ayuda multimillonarios.

India, por su parte, está cada vez más inquieta por la cosmovisión aislacionista del gobierno de Trump y, en particular, su aparente retirada de Asia, de cuya seguridad Estados Unidos fue garante fundamental en los últimos setenta años. Estas percepciones generaron temor a que la India y Estados Unidos ya no se consideraran socios estratégicos confiables.

Pero en Washington, Modi y Trump exhibieron buena química, sin desacuerdos reales a la vista, a diferencia de otras primeras incursiones diplomáticas de Trump. Sin embargo, hubo algo más importante que la aparente camaradería: una declaración conjunta en la que se reconocieron los motivos por los que la relación bilateral es tan valiosa.

La India es importante para Estados Unidos por muchas razones. Entre las grandes economías del mundo, es la que crece más rápido; tiene la clase media más numerosa del planeta y pronto tendrá también la población más grande. Además, es vecina de corredores marítimos en el Océano Índico que son fundamentales para la economía mundial. Y es un importante baluarte democrático en Asia.

Esos factores han generado desde principios de los noventa un poco habitual acuerdo entre los dos grandes partidos estadounidenses en profundizar los lazos de Estados Unidos con la India. Aunque los encargados de tomar las decisiones en Estados Unidos no siempre se guiaron por ese acuerdo, la reciente visita de Modi hace pensar que tal vez sea diferente con el gobierno de Trump, que parece muy dispuesto a reforzar la cooperación militar bilateral como principio clave de su política para Asia.

El gobierno de Trump parece consciente de que en un tiempo en que rápidos desplazamientos de poder en Asia podrían afectar la estabilidad regional, una India cada vez más confiada puede ayudar a Estados Unidos a garantizar la seguridad y colaborar en la búsqueda de una relación constructiva con la ascendiente China, no sólo para sostener el crecimiento económico y proteger el medioambiente, sino también impulsar a China a tomar decisiones que contribuyan a la paz y la prosperidad en Asia en vez de menoscabarlas.

Estas ideas se ven reflejadas en un importante nuevo acuerdo de defensa, anunciado en la reciente reunión, y en planes de incrementar la venta de armamentos y los ejercicios militares conjuntos, profundizar la cooperación en el Océano Índico y reforzar el acuerdo sobre ciberseguridad del año pasado. Las declaraciones públicas indicaron la intención de ambas partes de continuar políticas razonables previas en estas áreas. Y si bien no mencionaron explícitamente el muy disputado Mar de China Meridional, tal vez deban hacerlo en el futuro.

Modi y Trump también mostraron más claridad y solidaridad en la lucha contra el terrorismo, al pedir a Pakistán que se esfuerce más en impedir la presencia de santuarios extremistas en su territorio. Una actitud menos permisiva de Estados Unidos hacia Pakistán no sólo contribuirá a la seguridad del sur de Asia, sino que también puede ayudar a revertir el deterioro de las condiciones de seguridad en Afganistán, donde Estados Unidos sigue empantanado en la guerra más larga de su historia.

Pero como era de prever, Modi y Trump todavía no logran ponerse de acuerdo en asuntos comerciales. Es verdad que la relación bilateral siempre giró más en torno de temas de seguridad y defensa que económicos, pero los puntos de vista de ambos líderes (expresados en sus iniciativas recientes) amenazan con desequilibrarla todavía más.

Modi y Trump son líderes nacionalistas y tienen su atención puesta en el crecimiento del empleo fabril local. Pero las modernas cadenas de suministro globales ofrecen muchas otras oportunidades que explorar. Para encontrar acuerdos que beneficien a ambas partes habrá que volver a pensar la dimensión económica de la relación bilateral.

En la actualidad, ambos países padecen una diferencia entre lo que saben hacer sus trabajadores y los empleos disponibles. Esto debería servir de base para un diálogo sólido sobre la capacitación de los trabajadores y la competitividad, que incluya discutir un motivo de disputa para el gobierno de Trump: el uso que hace el sector tecnológico indio de las visas H‑1B, pensadas para permitir el ingreso a Estados Unidos de trabajadores altamente capacitados.

Si Estados Unidos y la India logran superar sus diferencias en este tema, tendrán mucho que aprender de sus respectivas experiencias en áreas importantes, por ejemplo el uso del comercio electrónico y las plataformas digitales como modo de ayudar a las pymes a exportar más. Los faltantes en infraestructura también ofrecen una ocasión de profundizar la cooperación: Estados Unidos y la India (junto con países como Japón y Singapur) pueden compartir tecnologías y combinar recursos en formas innovadoras, a fin de desarrollar las redes de transporte y los centros urbanos que impulsarán la economía del mañana.

Identificar sinergias entre el “Estados Unidos primero” de Trump y la iniciativa “Hagámoslo en la India” de Modi demandará creatividad, paciencia, flexibilidad y, sobre todo, énfasis en lo estratégico. Ambos líderes tendrán que concentrarse en lo general: en cómo lograr resultados que beneficien a ambas partes en materia de productividad, competitividad e innovación.

Para lograrlo se necesitará el involucramiento de todos los niveles del gobierno estadounidense, de funcionarios ministeriales a diplomáticos. Como primera medida, el Departamento de Estado debe acelerar la designación de postulantes a puestos vacantes fundamentales en relación con el sur de Asia.

A pesar de los desafíos actuales, la relación entre Estados Unidos y la India con Trump y Modi se inició mucho mejor de lo que se esperaba. Cada parte ha demostrado disposición a invertir en el futuro de la otra parte, en vez de ir a los tumbos de acuerdo en acuerdo. Ahora empieza la parte difícil: desarrollar una visión estratégica conjunta e implementarla en forma coherente y sistemática.

Traducción: Esteban Flamini