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El orden mundial a la deriva en el nuevo siglo de Trump

WASHINGTON, DC – El historiador británico Eric Hobsbawm denominó “corto siglo XX” al periodo comprendido entre el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en 1914 y el desplome de la Unión Soviética en 1991. Para Hobsbawm, el final de la Guerra Fría marcó el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales.

Hoy, con mayor perspectiva, debemos revisar esta conceptualización. Más que suponer una ruptura con respecto al pasado, el cuarto de siglo que sucedió a la caída del muro de Berlín fue una continuación –de hecho, la culminación– de lo que lo precedió. Por el contrario, la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos sí representa una categórica ruptura con el pasado: el largo siglo XX ha terminado.

Como en 1914, todavía es pronto para vislumbrar qué vendrá después. Desde la victoria electoral de Trump se dice que el mundo volverá a las esferas de influencia propias del siglo XIX con EE.UU., Rusia, China y, sí, Alemania como actores principales con sus respectivas áreas de proyección en el contexto de un sistema internacional crecientemente balcanizado.

Y el bronco discurso inaugural de Trump parece reforzar esta idea al reivindicar el “derecho de toda nación a situar sus intereses primero”. Pero, por mucho que la América de Trump lo pretenda, en el mundo interconectado de hoy no es posible la marcha atrás en el tiempo. Como ha destacado en Davos el presidente de China, Xi Jinping –hoy, por defecto, principal abanderado de la globalización–, “Queramos o no, la economía global es un gran océano del que no se puede escapar”.