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La competencia de las células madre continua

La investigación científica generalmente se lleva a cabo para mejorar nuestras vidas, pero también es una industria, una que representa una inversión masiva por parte de los gobiernos y las corporaciones. Los riesgos y las recompensas potenciales en unos cuantos temas de investigación son muy altos, por lo que el reciente descubrimiento de que el científico coreano Hwang Woo-suk inventó los resultados de su trabajó sobre las celulas madre ha resonado tan ampliamente.

El episodio refleja la carrera que está en marcha en materia de investigación científica global sobre la salud y que se desarrolla en el campo de las células madre. Está en juego posiblemente uno de los más grandes premios en la historia médica, y cualquiera -verdaderamente cualquiera- podría obtenerlo.

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La última gran competencia científica de este tipo fue el esfuerzo por elaborar el mapa del genoma humano, que promete cambiar nuestra vida futura radicalmente. Ese estudio lo inició Estados Unidos, que utilizó información desarrollada a raíz del bombardeo atómico de Japón, para entender la magnitud del daño genético a largo plazo. Los esfuerzos científicos actuales sobre las células madre y su potencial tienen la misma importancia porque conllevarán a una revolución médica igualmente radical.

Una célula madre es especial porque es capaz de reproducir una forma que es diferente a sí misma. Mientras que una célula de la piel o una célula del hígado, por ejemplo, pueden producir solamente más piel o más hígado, las células madre, que son las más fuertes al inicio del desarrollo humano, son células "maestras". A medida que un óvulo fertilizado se transforma en embrión y después en feto, las células madre iniciales de alguna manera enseñan a sus células hijas a convertirse en piel, hígado, ojo o hueso. Necesitamos saber cómo se activa esta transformación.

Ese conocimiento conduciría a enormes avances patentables. Gran parte de la atención se centra en las enfermades genéticas como el Alzheimer y el Parkinson y la distrofia muscular. En estos casos, se estimularía a las células madre para que restauraran el tejido nervioso. Esto también beneficiaría a los pacientes con daños cerebrales y medulares, o aquéllos que han sufrido hemorragias cerebrales y parálisis.

También habría beneficios en campos paralelos como la terapia genética. Una célula madre cambia su identidad a tráves de un proceso de "desencadenado" -una señal literalmente "enciende" el gen de la célula del hígado dentro de la versión madre. Cuando los científicos sepan cómo operar esos interruptores, se podría introducir células madre en el cuerpo y activarlas para que regeneren correctamente el tejido dañado, cualquiera que sea.

Como es lógico, dado su gran potencial, casi en todos lados se ha mobilizado a los equipos científicos para la investigación de las células madre embrionarias. La competencia se ha vuelto más dramática desde que el investigador líder, Estados Unidos, se retiró por la influencia de la religión en la política (aunque el estado de California decidió no hacerlo y recientemente aprobó un subsidio de 3 mil millones de dólares para la investigación de las células madre embrionarias).

Puesto que la promesa es tan grande y la ciencia no requiere de una infraestructura masiva, muchos países pequeños se han apresurado a aprovechar la ausencia de Estados Unidos. Cualquier centro de investigación competente puede entrar a la competencia, ya sea en México, Etiopía, Indonesia o Yemen. Quien quiera que gane habrá añadido a su economía el equivalente a un campo petrolero saudita.

Pero, aunque cualquiera puede ganar, la ciencia a este nivel nunca es un suceso "eureka", en el que un solo logro ponga un fin abrupto a la competencia. Los descubrimientos ocurren gradualmente, y porque se trata de la ciencia, cada paso se anuncia y se prueba. De este modo los establecimientos de investigación cobran impulso y los líderes absorben talento, recursos y prestigio en una violenta ecología intelectual.

En medio de la competencia principal existen varias menores, que buscan obtener a empujones los primeros resultados impresionantes. En mayo de 2005, el centro de investigación de Hwang en Seúl anunció el primer logro importante. Afirmaron que habían desarrollado una técnica con la cual se podían clonar células madre nuevas y perfectas a partir de células ordinarias. Esto fue una gran noticia, porque implicaba que una cantidad suficiente de células madre podrían obtenerse sin causar controversia, lo que permitiría a cualquiera realizar investigaciones de calidad y evitar lo que el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, describió como "salvar una vida a costa de otra vida".

Más importante aún, los coreanos hicieron algo que es común en estos tiempos: reclamaron derechos de patente sobre el proceso. Por un momento se creyó que Corea del Sur se convertiría en una superpotencia mundial en cuestiones de salud.

Ahora sabemos que los investigadores de Seúl inventaron todo. Una investigación realizada por un panel de la Universidad Nacional de Seúl determinó que las células madre "clonadas" en realidad se obtenían mediante fertilizaciones de probeta.

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El fraude ha desconcertado a la comunidad científica, particularmente porque la afirmación que hicieron los investigadores coreanos fue tan visiblemente falsa. ¿Por qué entonces pusieron su carrera y reputación en riesgo?

La investigación médica siempre se ha enfrentado a muchos retos, incluso cuando la tarea científica se limitaba a la búsqueda de descubrimientos. Ahora, los retos se complican por la política, las fuerzas del mercado y los intereses nacionales. En el caso de la investigación de las células madre, enormes fortunas dependen del grupo que tome la delantera, donde sea que se encuentre su laboratorio. A medida que la competencia se calienta, habrá que esperar acontecimientos asombrosos -y sin duda más trucos de relaciones públicas.