La charada de Palin

Nueva York – La selección de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia con McCain ha caído sobre los Estados Unidos como una tormenta eléctrica. Para sus legiones de admiradoras de derechas que agitan pintalabios, Palin es una “mamá común y corriente”, mujer práctica y temerosa de Dios, cuyas afición a la caza del alce y fe evangélica e incluso su caótica vida familiar constituyen pruebas, todas ellas, de que es una americana real y típica.

Para sus detractores, igualmente frenéticos, de izquierdas –y cada vez más de centro–, es un temible heraldo de unos Estados Unidos teocráticos, una ejecutora en materia de asuntos estatales de estilo mafioso, que miente sobre la conexión de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 con el Iraq, se burla de Barack Obama por su oposición a la tortura de prisioneros y desafía las citaciones. Piénsese en ella como George W. Bush II, pero con zapatos de diseño.

Los dos grupos están reaccionando ante realidades auténticas. Los que la apoyan responden a un potente conjunto de símbolos y sus detractores a un conjunto aún más potente de hechos.

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