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La sorpresa de Obama

NUEVA YORK – Las elevadas expectativas que rodean a la presidencia de Barack Obama, en general, son algo bueno, ya que nos recuerdan que gran parte del sentimiento antinorteamericano que hoy es tan evidente en todo el mundo no es ni necesita ser permanente.

Sin embargo, estas expectativas también son un problema para Obama, ya que será difícil -y, en algunos casos, imposible- que pueda satisfacerlas. No habrá ningún estado palestino esta primavera (boreal); tampoco habrá un pacto sobre cambio climático global ni un nuevo acuerdo comercial ni un fin a la pobreza o al genocidio o a la enfermedad en el futuro cercano.

Las razones van más allá de la realidad de que los grandes logros requieren de tiempo y esfuerzo. El futuro presidente enfrenta limitaciones extraordinarias -limitaciones que demandarán que otros países tengan un rol más activo si es que la estabilidad y la prosperidad han de ser la norma y no la excepción.

La limitación más obvia surge del estado de la economía norteamericana. Desaparecieron dos millones de empleos sólo en los últimos cuatro meses. El mercado inmobiliario sigue deteriorándose. El PBI de Estados Unidos se está contrayendo a un ritmo casi sin precedentes.