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Más apertura en la investigación de la malaria

LONDRES – Estos últimos años se hicieron enormes avances en la lucha contra la malaria. Según la Organización Mundial de la Salud, la mejora del acceso a pruebas diagnósticas y tratamientos permitió reducir la mortandad de la enfermedad en un impresionante 60% desde 2000.

Aunque todavía queda mucho por hacer, la reducción de los contagios y las muertes es prueba del poder de la colaboración entre gobiernos (de países donde la malaria es endémica y otros donde no), entre organizaciones comerciales y sin fines de lucro, y entre la ciencia académica y la medicina. Sin este trabajo conjunto, hacer avances en el combate a esta enfermedad mortal hubiera sido imposible. Además de la acción coordinada en el terreno, hay una creciente apertura y colaboración entre científicos que investigan y desarrollan una nueva generación de medicamentos y vacunas; este modo de trabajo allana el camino para futuros avances.

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La comunidad científica es cada vez más consciente de que ninguna organización o grupo cuenta con conocimientos o recursos suficientes para enfrentar a la malaria por separado. Como ocurre con muchas otras enfermedades que afectan a los países en desarrollo, los aspectos científicos son sumamente complejos y las oportunidades comerciales son limitadas. Para ganarle a la malaria debemos aunar recursos y combinar las variadas experiencias de científicos de diferentes formaciones y especialidades.

Felizmente, los científicos están tomando nota, y esto llevó a la aparición y difusión de una nueva estrategia de investigación y desarrollo, llamada “innovación abierta”, que modifica radicalmente el modelo tradicional de I+D, eliminando barreras a la colaboración; se basa en comprender que el todo puede ser más que la suma de las partes, y es una forma de trabajo colegiada en la que compartir es fundamental.

Da fiel prueba de esta apertura un nivel inédito de publicación de datos. En 2010, GlaxoSmithKline, el Instituto de Genómica de la Fundación de Investigación Novartis y el St. Jude Children’s Research Hospital en Memphis (EE. UU.) colocaron en el dominio público los detalles de más de 20 000 compuestos activos contra el parásito de la malaria, 13 500 de los cuales proceden de un listado privado de GSK. Fue una decisión histórica con el objetivo de movilizar a la comunidad científica internacional.

La organización sin fines de lucro Medicines for Malaria Venture (MMV) dio un paso más. MMV ofrece a científicos de todo el mundo acceso físico gratuito a una variada selección de 400 compuestos disponibles comercialmente, con la única condición de que hagan público el resultado de sus investigaciones. La colección ya ha sido compartida con más de 250 grupos de investigación en 30 países de todo el mundo, lo que dio inicio a diversos programas de descubrimiento de fármacos nuevos para una variedad de enfermedades desatendidas.

Además de facilitar el uso compartido de herramientas e ideas, la investigación abierta crea entornos en los que científicos de diferentes instituciones y variados antecedentes pueden trabajar juntos (en forma presencial o a distancia), sacar provecho de las respectivas fortalezas e intercambiar conocimiento.

Un ejemplo de esta forma de colaboración es el primer “laboratorio abierto” del mundo para la investigación de enfermedades de los países en desarrollo, creado en 2010 en el centro de investigación que tiene GSK en Tres Cantos (España). El laboratorio opera con apoyo y asesoramiento de una amplia variedad de actores, entre ellos GSK, el Wellcome Trust, la Unión Europea y MMV, además de varios centros académicos y alianzas de desarrollo de productos. El laboratorio permite a investigadores de las principales instituciones del mundo trabajar codo a codo con científicos de la industria, en un entorno dinámico y colaborativo, con el objetivo de transformar ideas de investigación iniciales en programas para el descubrimiento de nuevos fármacos.

Desde su creación, la iniciativa ya completó 60 proyectos y se ganó un amplio reconocimiento como incubadora de ideas nuevas y modelo para la I+D de tratamientos para otros grandes problemas sanitarios. Además, otras iniciativas de I+D fuertemente colaborativas ya están dando frutos. GSK trabaja en el desarrollo de tres posibles tratamientos para la malaria (dos de ellos en conjunto con MMV) que se acercan a la fase de ensayo clínico.

GSK y MMV también trabajan juntas en otro posible fármaco para la malaria vivax que está en una fase más avanzada del proceso de desarrollo y ya entró a las últimas etapas de ensayo clínico. Si funciona, será el primer tratamiento para la malaria recurrente que se apruebe en más de 60 años.

Además, el año pasado las autoridades dieron luz verde a la primera vacuna contra la malaria, desarrollada por GSK, fruto de tres décadas de investigación y niveles inéditos de colaboración entre GSK, la ONG sanitaria internacional PATH e importantes centros de investigación africanos.

Pero aunque las victorias recientes contra la malaria son alentadoras, no debemos dormirnos en los laureles. A cada estadística positiva se le contrapone la dura realidad de que todavía hay cada año unos 200 millones de casos de malaria, que provocan casi 500 000 muertes (en su inmensa mayoría, de niños menores de cinco años).

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Con la creación de una sólida plataforma de colaboración entre investigadores y un flujo de conocimiento cada vez más libre, estamos en un momento óptimo para extender estas iniciativas y alentar a otros a imitarlas. En un área donde la posibilidad de lucro es limitada, pero el potencial de mejorar enormemente la salud y la economía de países enteros es enorme, los científicos deben seguir creando puentes entre sí y trabajar juntos para el bien de todos.

Traducción: Esteban Flamini