0

Tomar la ofensiva contra la tuberculosis

SOLNA, SUECIA – La tuberculosis es una de las enfermedades más letales del mundo. Solamente en 2013 causó más de 1,5 millones de muertes y un quinto de las defunciones de adultos en los países de bajos ingresos. Si bien está disminuyendo la estimación de personas que la contraen cada año, el ritmo de decrecimiento ha sido muy lento. Y la tendencia podría revertirse, si se considera la creciente prevalencia de la TBC resistente a múltiples medicamentos.

Sin embargo, hoy el mundo tiene una estrecha ventana de oportunidad para erradicarla. Para aprovecharla será necesario el rápido desarrollo y diseminación de herramientas de diagnóstico eficaces, tratamientos con nuevos medicamentos y vacunas novedosas, e iniciativas para asegurar que los sistemas sanitarios cuenten con el equipamiento para brindar la atención adecuada. No será una tarea fácil.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

La buena nueva es que la comunidad internacional parece muy dispuesta a actuar. La Estrategia Global contra la TBC de la Organización Mundial de la Salud para después de 2015, apoyada por la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2014, apunta a erradicarla para el año 2035. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que los 193 estados miembros de la ONU adoptarán formalmente en septiembre, prevén alcanzar este objetivo cinco años antes.

Para limitar el desarrollo y la propagación de la TBC resistente a los medicamentos se requiere una iniciativa global de dos vías: asegurar la detección temprana y el tratamiento adecuado de los pacientes con TBC sensible a los medicamentos, y encontrar nuevas maneras de tratar a los pacientes infectados con cepas resistentes. El problema es que las herramientas que existen en la actualidad para el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de esta enfermedad tienen serias limitaciones.

Para comenzar, no hay una prueba de diagnóstico rápido en el punto de atención. En los países de bajos ingresos, la forma de diagnóstico predominante es la observación microscópica de muestras de saliva, un método obsoleto que no logra detectar la TBC en cerca de la mitad de los pacientes infectados, con una tasa de éxito incluso menor en el caso de los niños pequeños y pacientes coinfectados con VIH. De hecho, no más de uno de cada diez niños con TBC se diagnostican mediante microscopía de saliva.

Más aún, para los pacientes con TBC farmacorresistente, el tratamiento con los medicamentos disponibles en la actualidad logra su objetivo solamente la mitad de las veces, incluso en las mejores condiciones. Y el proceso terapéutico es complicado: dura al menos dos años e implica hasta 14.600 pastillas y cientos de inyecciones, con serios efectos secundarios.

Necesitamos con urgencia fármacos con mecanismos novedosos, no solo para tratar la TBC multirresistente, sino también para acortar el tiempo de tratamiento de la TBC sensible a los medicamentos. En este aspecto hay algunas novedades promisorias: hace poco la Bedaquilina se convirtió en el primer medicamento contra la TBC en ser aprobado por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos en 40 años. Pero todavía tiene que demostrar su capacidad de tratar con eficacia la TBC farmacorresistente, y existen muy pocas otras opciones.

En el ámbito de la prevención se dan problemas similares. La vacuna Bacillus Calmette-Guérin (BCG), única disponible para esta enfermedad y el principal pilar para la prevención, solo tiene una eficacia parcial. De hecho, si bien protege a los niños de las principales formas de la enfermedad, no lo hace para la variante más común, que es la pulmonar, por lo que ha tenido poca incidencia en la reducción de la cantidad de casos de TBC. Y si bien varias nuevas posibles vacunas han pasado las pruebas clínicas preliminares, la BCG seguirá siendo la única disponible en los años venideros.

Está claro que los retos son formidables, pero retroceder no es una opción si se piensa en los millones de vidas que hay en juego.

A fin de cuentas todo se reduce a la investigación, como lo reconoce la estrategia global de la OMS. Sin embargo, elevar la inversión en tratamientos y herramientas de diagnóstico para la TBC cuesta mucho más dinero que el asignado. De los 1,73 mil millones de euros (2 mil millones de dólares) que, se estima, son necesarios cada año para investigación y desarrollo, sólo se invirtieron 589 millones de euros en 2013.

Para empeorar las cosas, la muy importante financiación de donantes (cuyo número es muy escaso, principalmente entidades de gobierno y grupos filantrópicos de países de la OCDE) se redujo en cerca de un 10% el año pasado. En la actualidad, un solo donante, la Fundación Bill y Melinda Gates, financia más del 25% de la investigación de nuevas herramientas para combatir la TBC.

En cuanto al sector privado, las farmacéuticas se han ido retirando de la investigación para la TBC, como parte de una tendencia general que prefiere el desarrollo de nuevos fármacos contra enfermedades crónicas en lugar de medicamentos antiinfecciosos. Pfizer abandonó la investigación de la TBC en 2012, seguida por AstraZeneca en 2013 y Novartis el año pasado.

Para cerrar la brecha de financiación y poner fin al azote de la TBC será necesario el involucramiento de más y diversos donantes. Si el sector privado no está dispuesto a asumir su parte, dependerá de los gobiernos comprometerse de manera sostenida (a través de aportes directos e iniciativas para crear los incentivos adecuados) para lograr la meta del ODS que han acordado.

Support Project Syndicate’s mission

Project Syndicate needs your help to provide readers everywhere equal access to the ideas and debates shaping their lives.

Learn more

En resumen, la erradicación de la epidemia de TBC presupone iniciativas para asegurar que los sistemas sanitarios tengan la capacidad de prestar la atención adecuada. Y para ello es necesario el rápido desarrollo y diseminación de nuevas herramientas, entre las que se cuentan pruebas de diagnóstico rápido en el punto de atención, fármacos seguros y de acción rápida, y una vacuna eficaz.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen