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La recuperación de cerebros

DUBAI – En 1968, mientras estudiaba en la escuela militar Mons Officer Cadet School en el Reino Unido, tuve que visitar un hospital. Allí conocí a un médico que, para mi sorpresa, hablaba árabe con fluidez. Me enteré de que era recién llegado al Reino Unido, de modo que le pregunté si pensaba quedarse mucho tiempo o si iba a regresar a su hogar. Me respondió con un dicho árabe que se traduce así: "Mi hogar es donde puedo comer".

Recordé las palabras de ese médico durante muchos años, porque subrayan la contradicción entre nuestra visión idealizada de "hogar" y las duras realidades de la vida que obligan a gente talentosa a abandonar sus hogares.

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El médico era un caso típico del fenómeno de "fuga de cerebros" que ha aquejado a los países en desarrollo durante décadas. Esos países invierten sus escasos recursos en educar a médicos, ingenieros y científicos, con la esperanza de que se conviertan en motores de prosperidad. Luego ven con consternación cómo migran a Occidente, llevándose consigo la promesa de su talento.

Por supuesto, todo el mundo tiene derecho a elegir una vida mejor, en cualquier parte del mundo que desee. Entendemos por qué se van. El talento es atraído -como un imán- por la oportunidad.

Sin embargo, para los países que quedan atrás, la sensación es la de un ciclo vicioso infinito: necesitan talento para crear oportunidad; pero sin oportunidad, el talento es atraído por las luces brillantes de Occidente. De hecho, las Naciones Unidas y la OCDE informan que la migración por motivos laborales ha aumentado un tercio desde 2000. Uno de cada nueve egresados universitarios de África hoy vive y trabaja en Occidente. Muchos nunca volverán: los trabajadores calificados tienen seis veces más posibilidades de no regresar.

Pero ahora está sucediendo algo notable. En algunos países, la fuga de cerebros se produce en dirección inversa. Las causas son fascinantes y existen motivos para ser optimistas de que el círculo vicioso se puede romper, transformando el equilibrio de la esperanza y oportunidad entre economías en desarrollo y desarrolladas.

Un nuevo estudio de LinkedIn, la red profesional y plataforma de contratación online más grande del mundo, ha medido el movimiento internacional neto de talento entre sus miembros. Al tope de la lista como destino para el talento está mi propio país, los Emiratos Árabes Unidos, con un incremento de talento neto del 1,3% de la fuerza laboral en 2013. Otros "imanes de talento" neto son Arabia Saudita, Nigeria, Sudáfrica, India y Brasil.

Más interesante aún es el dato de que menos de un tercio de los importadores de talento neto son países desarrollados. De hecho, los exportadores de talento neto en este estudio son España, el Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Italia e Irlanda. Los países ricos que hasta hace poco habían seducido a nuestras mentes más brillantes hoy nos están enviando las suyas.

Por supuesto, esto es sólo un estudio, y muchos países pobres siguen padeciendo un éxodo de talento crónico. Los datos de la OCDE demuestran que muchos países en África y América Latina tienen tasas de migración de graduados superiores al 50%.

Se sabe que la fuga de cerebros suele ser una función de seguridad tanto como una oportunidad económica. Parte de la tragedia que se desarrolla en los países de Oriente Medio aquejados por el conflicto y la inestabilidad es que si sus hijos e hijas más talentosos pudieran aplicar sus capacidades en sus propios países, pasarían a ser parte de la solución: agentes de paz a través del desarrollo. Esto hace que resulte tan importante examinar de qué manera algunos países en desarrollo lograron revertir la migración hacia el exterior.

El ingrediente básico es la oportunidad. El talento fluye naturalmente hacia los países que crean un contexto de crecimiento económico; que le facilitan la vida a las empresas; que atraen y reciben con agrado la inversión; y que alimentan una cultura del éxito. Las habilidades son atraídas por el desafío y la posibilidad.

La oportunidad en esta escala se está convirtiendo en una mercancía escasa en muchas partes de Occidente. Pero no sucede lo mismo en el mundo en desarrollo -al menos entre los países con el apetito y la determinación de hacer uso de una gobernancia sólida y aumentar continuamente su competitividad.

En segundo lugar, la calidad de vida importa mucho. Una generación atrás, muchos individuos talentosos consideraban que trabajar fuera de Occidente era un "destino difícil". Hoy, los niveles de vida en los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, están entre los más altos del mundo. Hemos demostrado que la misión de revertir la fuga de cerebros también es la misión de crear una vida mejor para los ciudadanos y los residentes. Generar felicidad es, después de todo, la tarea principal de todo buen gobierno, no importa dónde sea.

La nuestra es una historia de mucha esperanza para Oriente Medio en especial, donde generaciones de conflicto y desesperación han generado altos niveles de migración hacia el exterior. Yo siempre he sostenido que, además de una buena gobernancia, las mejores soluciones para las divisiones y la lucha del mundo árabe residen en el desarrollo elemental y la oportunidad económica. Ahora, hemos demostrado que es posible revertir las fuerzas que habían expulsado a nuestros jóvenes más talentosos.

Otra fuente de esperanza es que este cambio radical puede suceder considerablemente rápido. La investigación demuestra que los países pequeños padecen de manera desproporcionada la fuga de cerebros. Pero hemos demostrado que aún en el caso de un país pequeño como los Emiratos Árabes Unidos, e inclusive en una región dividida por el conflicto, vale la pena construir una isla de oportunidad.

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Pero permítanme ser claro: revertir la fuga de cerebros tiene que ver con algo más que con tapar una gotera. Implica convertir un círculo vicioso en uno virtuoso. Al atraer al mejor talento de todo el mundo, podemos crear una sociedad vibrante y diversa que alimenta la innovación y la prosperidad -lo que, a su vez, atrae a más talento.

Para que esto dé resultados, debemos creer en la gente. Los seres humanos -sus ideas, innovaciones, sueños y conexiones- son el capital del futuro. En este sentido, la "recuperación de cerebros" no es tanto un logro en sí mismo como un indicador de desarrollo futuro, porque allí donde van las grandes mentes hoy, grandes cosas sucederán mañana.