Las dos mejores formas de reducir la mortalidad infantil

BANGKOK – Una de las metas más ambiciosas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas es el compromiso con poner fin a las muertes evitables de recién nacidos y niños en el transcurso de la próxima década. Si se cumple, en 2030 ningún país tendrá una tasa de mortalidad neonatal superior a 12 muertes por cada 1000 nacimientos; esto es un cuarto de la tasa actual en algunas partes de África subsahariana.

Dada la magnitud del desafío, se necesitarán enormes inversiones en infraestructura sanitaria y planificación. Pero tal vez el modo más eficaz de reducir la mortalidad infantil sea alentar la adopción de dos recursos inmediatamente disponibles: la vacunación de las madres y la lactancia materna.

La protección de los niños contra una muerte prematura comienza antes del nacimiento. Cuando una mujer se vacuna contra enfermedades comunes como la gripe, su organismo crea anticuerpos que reconocen virus y refuerzan las defensas naturales contra diversos patógenos. Durante el embarazo, estas proteínas protectoras se transmiten al bebé a través de la placenta.

Lo interesante es que los beneficios continúan después del nacimiento. Por ejemplo, si bien la vacuna contra la gripe no está aprobada para su uso en bebés de menos de seis meses, se ha comprobado en ensayos clínicos que los niños de madres vacunadas están mejor protegidos contra la enfermedad. En un estudio con madres y sus bebés en Bangladesh, se registró una asombrosa reducción del 63% en los casos de gripe entre bebés nacidos de madres vacunadas; del 36% en enfermedades respiratorias graves entre las madres; y del 29% en esas mismas enfermedades entre los bebés.

La vacunación materna contra la gripe también ayuda a proteger a los bebés contra la neumonía, una causa frecuente de mortalidad infantil. En un análisis de 2018 de ensayos de vacunas realizados en Nepal, Mali y Sudáfrica, se halló que los bebés de madres vacunadas tenían 20% menos de probabilidad de desarrollar neumonía. Esto beneficia sobre todo a los niños demasiado pequeños para recibir una vacunación completa contra el Streptococcus pneumoniae y la gripe. Con los datos de estos y otros estudios, los gobiernos de países de bajos ingresos deberían ser capaces de planificar campañas de vacunación más inteligentes y reducir sustancialmente las tasas de morbilidad y mortalidad infantil.

El segundo modo de reducir la mortalidad infantil (la lactancia materna) es probablemente el más efectivo. La leche materna es la nutrición perfecta para un bebé, ya que le provee todas las proteínas, grasas, vitaminas, minerales y enzimas que necesita para mantenerse sano. Y mejor aún, las madres producen todo el tiempo nuevos anticuerpos que ayudan a fortalecer el sistema inmunitario del pequeño hijo.

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Por desgracia, las tasas de lactancia materna están muy por debajo de los niveles deseados. Sólo el 40% de los bebés del mundo se alimentan exclusivamente con leche materna durante al menos los primeros seis meses de vida, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las razones son complejas, pero un factor que ha contribuido a la disminución de la lactancia materna en muchos países es la falta de educación, sumada a agresivas campañas publicitarias de los fabricantes de leche de fórmula. Hace poco se acusó a Estados Unidos de tomar partido por la industria de las leches de fórmula al oponerse a una resolución de la OMS en apoyo de la lactancia materna.

Convencer a las madres para que den el pecho debería ser más sencillo. Para empezar, los bebés amamantados son menos propensos a contraer otitis bacteriana y meningitis, o a sufrir enfermedades gastrointestinales y diarrea. Estas ventajas se mantienen mientras el bebé reciba el pecho.

La lactancia materna también beneficia a las madres. Está comprobado que las mujeres que alguna vez dieron el pecho son menos propensas a desarrollar enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer de mama y la diabetes tipo 2. Muchas de estas ventajas derivan del hecho de que la lactancia ayuda a eliminar el exceso de grasa que se acumula en el cuerpo de la madre durante el embarazo. De hecho, producir leche para un solo bebé quema hasta 500 calorías al día.

La mayoría de las nuevas madres pueden amamantar, pero algunas mujeres no tienen capacidad para producir suficiente leche, debido al agotamiento, la depresión o la debilidad física que sigue a una cirugía posparto. Hay madres que sencillamente no pueden satisfacer las necesidades del bebé, y otras carecen del apoyo médico o social necesario para resolver la logística de la lactancia. Sin embargo, para aquellas que pueden ofrecer a sus bebés al menos seis meses de leche materna, los beneficios son significativos.

Si la comunidad internacional está realmente decidida a cumplir las metas sanitarias fijadas por los ODS, debe redoblar esfuerzos para alentar a más madres a vacunarse contra enfermedades evitables y amamantar a sus recién nacidos. Estas dos prácticas por sí solas pueden ser más eficaces para reducir la mortalidad infantil que cualquier otra iniciativa sanitaria global.

Traducción: Esteban Flamini

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