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Las enseñanzas de Alepo

NUEVA YORK – La caída de Alepo bajo fuerzas leales al presidente sirio Bashar al-Assad no es ni el fin del principio ni el principio del fin de la guerra civil siria, que ya lleva cinco años y medio, y que es un conflicto por intermediarios, regional y hasta cierto punto global. La siguiente gran batalla se peleará en la provincia de Idlib; la única pregunta es cuándo. Y después de eso, la guerra continuará asolando varias partes de lo que seguirá siendo un país dividido.

Aun así, es buen momento para detenernos a reflexionar sobre lo sucedido, aunque sólo sea por las enseñanzas que nos deja. Pocas cosas en la historia son inevitables, y lo acontecido en Siria es el resultado de las acciones, o inacciones, de diversos gobiernos, grupos de personas e individuos. Y en Siria, la inacción ha sido tan trascendental como la acción.

El ejemplo más notorio es el incumplimiento de Estados Unidos de la amenaza de castigar al gobierno de Assad por haber usado armas químicas contra la población. Con esa inacción se perdió una oportunidad no sólo de alterar la inercia del conflicto, sino también de reforzar el principio de que todo gobierno que use armas de destrucción masiva lo lamentará. Al fin y al cabo, el cumplimiento de la palabra dada es esencial para la eficacia de la disuasión.

Para hallar otras enseñanzas debemos retrotraernos a 2011, cuando el gobierno de Assad reprimió violentamente manifestaciones pacíficas en su contra, lo que llevó al presidente estadounidense, Barack Obama, y otras figuras a exigir la dimisión de Assad. Aquí tampoco se acompañó la retórica exaltada con acciones o recursos que la respaldaran. Una política entre cuyos medios y cuyos fines se presenta semejante divergencia está casi siempre condenada al fracaso.