Flooded road in Asia.

El arco de la justicia climática

ISLAMABAD – Por una dolorosa ironía del cambio climático, las personas menos responsables del problema a menudo son quienes más expuestas quedan a sus estragos. Y si hay un país víctima de esta injusticia climática, ese es Pakistán. Mientras los líderes del mundo se preparan para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París, Pakistán aún no se recupera de los efectos de las devastadoras inundaciones que dañaron edificios, destruyeron cosechas, se llevaron puentes y mataron a 238 personas.

Estas tragedias relacionadas con el clima no son nuevas para Pakistán, pero sí su frecuencia y ferocidad. Las inundaciones mortales se han convertido en eventos anuales; en 2010, lluvias récord mataron a casi 2000 personas y expulsaron a millones de sus hogares. Además combatir en una de las batallas campales más feroces del mundo contra el terrorismo, Pakistán debe hacer frente a un clima cada vez más violento, que está elevando el costo de los alimentos y del agua limpia, amenazando la provisión energética, socavando la economía y planteando una poderosa y costosa amenaza a la seguridad.

Hay pocas dudas de que las tribulaciones climáticas del país se deben, al menos en parte, a las emisiones de gases de efecto invernadero que los países industrializados vienen lanzando a la atmósfera desde los inicios de la revolución industrial. Incluso hoy día, Pakistán produce menos del 1 % de las emisiones mundiales. Mientras tanto, este país queda continuamente clasificado entre los más vulnerables a los efectos nocivos del cambio climático, debido a su demografía, geografía y condiciones climáticas naturales.

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