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Cómo ganarle la guerra a la tuberculosis

SEATTLE – Los seres humanos han luchado contra la tuberculosis desde la Edad de Piedra. Pero recién en el siglo pasado se hizo un verdadero progreso contra la enfermedad. Una vacuna, utilizada por primera vez en seres humanos en 1921, hoy sigue en uso en todo el mundo. Y una serie de antibióticos, empezando por la estreptomicina en los años 1940, han demostrado ser efectivos en el tratamiento de las infecciones.

Desde 1990, la tasa de mortalidad anual como consecuencia de la tuberculosis se ha reducido prácticamente a la mitad. De 2000 a 2014, mejores diagnósticos y tratamientos salvaron unos 43 millones de vidas. Sin embargo, el progreso se ha vuelto extremadamente lento, lo que sugiere que la batalla está lejos de haber terminado. La caída anual de los casos en los últimos diez años ha sido apenas del 1,65%; en 2014, la tuberculosis mató a 1,5 millón de personas.

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Mientras tanto, hay cepas de la enfermedad que están desarrollando una resistencia al tratamiento. El mal uso y la mala administración de los antibióticos han resultado en una tuberculosis resistente a múltiples drogas. Estas cepas se deben tratar con medicamentos de segunda línea, que son más costosos y muchas veces causan peores efectos colaterales. También aparecieron cepas que son resistentes a los fármacos de segunda línea, conocidas como tuberculosis extremadamente resistente (XDR-TB por su sigla en inglés).

Dada la enorme carga económica y el sufrimiento humano extendido causados por la tuberculosis, se necesita con urgencia un esfuerzo integral para hacer frente a la enfermedad. En una serie de artículos publicados por la revista médica británica The Lancet, Salmaan Keshavjee, profesor de salud global y medicina social en la Facultad de Medicina de Harvard, diseñó una estrategia para derrotarla. Keshavjee y un grupo de científicos especializados en tuberculosis, clínicos, miembros de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, hospitales y universidades se impusieron el objetivo de llevar la tasa de mortalidad de la tuberculosis a cero -y diseñaron las medidas necesarias para lograrlo.

El primer paso es redoblar los esfuerzos de recolección de datos. Las epidemias de tuberculosis, como las de otras enfermedades infecciosas, varían según la geografía; en consecuencia, los esfuerzos de erradicación deben adaptarse a las condiciones locales. Los programas de tuberculosis locales necesitan hacer un mejor uso de los datos existentes, expandir la recolección de datos de rutina, modernizar los sistemas de almacenamiento de datos y desarrollar la infraestructura analítica necesaria para medir los efectos de las intervenciones locales. Estos resultados tienen que estar disponibles al interior del país donde se recabaron los datos, y las lecciones aprendidas deben compartirse con los países y las regiones vecinos.

Es más, los trabajadores del sector de la salud deben ampliar los esfuerzos para impedir nuevas infecciones y tratar con celeridad los casos nuevos. Al detectar a las víctimas de manera activa y al tratarlas con rapidez para que dejen de ser infecciosas, se puede romper la cadena de transmisión de la tuberculosis. Esta estrategia ha resultado efectiva por evaluación empírica y modelado matemático.

Al mismo tiempo, se deben hacer esfuerzos para controlar los semilleros de la enfermedad, las infecciones latentes que son la causa de prácticamente todos los casos nuevos de tuberculosis activa. La bacteria mycobacterium tuberculosis, que causa la enfermedad, puede yacer inactiva durante largos períodos durante los cuales la víctima no manifiesta ningún síntoma de haber sido infectada. El tratamiento de la tuberculosis en esta etapa detendría la propagación de la bacteria y reduciría la carga global de la enfermedad. Aplicar terapias preventivas en poblaciones en riesgo y desarrollar mejores pruebas de diagnóstico para identificar a quienes tienen infecciones asintomáticas ayudaría a consumir los reservorios de la bacteria.

Desarrollar una vacuna más efectiva es lo que tendría el mayor impacto en la epidemia. La vacuna Bacillus Calmette-Guérin se les administra a niños en muchas partes del mundo, pero su eficacia contra la tuberculosis pulmonar es altamente variable. Para eliminar la enfermedad a nivel global, sería crucial una vacuna mejor.

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Finalmente, cualquier esfuerzo para erradicar la tuberculosis debe reconocer que la enfermedad tiene sus raíces en la pobreza y la exclusión social. Desde mediados del siglo XX, los esfuerzos mundiales para tratar la tuberculosis han hecho hincapié en las soluciones biomédicas y se centraron en tratar los brotes de la enfermedad. Pero, antes del desarrollo de los antibióticos, mejoras en los niveles de vida habían ayudado a reducir el impacto de la tuberculosis. Integrar una estrategia biomédica con un énfasis en la importancia de la buena alimentación, la vivienda digna y el bienestar humano serán necesarios si se pretende poner en vereda a la enfermedad.

La comunidad global debe trabajar en conjunto y traducir el conocimiento y las estrategias existentes en intervenciones programáticas efectivas en las comunidades más afectadas por la tuberculosis. Al desarrollar nuevas herramientas -entre ellas, un diagnóstico rápido, un tratamiento más seguro y más corto de la infección y la enfermedad y una vacuna eficaz contra la tuberculosis -, al fortalecer los sistemas de salud y al mejorar las condiciones de vida de las poblaciones en riesgo, podemos neutralizar a uno de los asesinos más antiguos de la humanidad. Sólo entonces podremos relegar a la tuberculosis, por fin, a los libros de historia.