Paul Lachine

La privatización de la ayuda para el desarrollo

LONDRES – En los últimos 50 años la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) ha cambiado mucho. Desde sus orígenes durante la guerra fría, cuando los miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE gastaban aproximadamente 60 mil millones de dólares al año (cantidad que la Unión Soviética seguramente igualaba), los países receptores han sido llamados "retrasados", "en desarrollo", "del sur" y, recientemente, "emergentes".

En efecto, en los últimos años se ha puesto cada vez más en tela de juicio qué es lo que define a un país receptor. El Reino Unido está debatiendo la cancelación de la ayuda a la India, el tercer receptor de flujos de capital y sede de uno de los mayores empleadores británicos en el sector manufacturero, el Grupo Tata. De manera similar, los países de la eurozona han estado dirigiendo la mirada a China, que desde hace mucho recibe ayuda y que posee 2.5 billones de dólares de deuda del gobierno de los Estados Unidos, para que les ayude a superar su propia crisis de deuda.

Además, el desarrollo mismo se ha redefinido, de modo que el enfoque de las políticas ha cambiado hacia el buen gobierno, la transparencia, la rendición de cuentas y los derechos humanos. Como consecuencia, las iniciativas dirigidas a mejorar la salud, la educación y la igualdad de género han sustituido a los proyectos de construcción a gran escala.

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