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Trump y el renacimiento de la libertad de prensa

NUEVA YORK – El gobierno del presidente estadounidense Donald Trump convulsionó a la prensa tradicional con sus ataques a medios y su incesante difusión de “hechos alternativos” (también llamados mentiras). Pero es posible que el cuestionamiento de Trump al statu quo informativo tenga su parte buena, ya que da a los periodistas una oportunidad para erradicar los malos hábitos asociados con la demasiada cercanía al poder.

Hace unos días, generó escozor la declaración de Stephen Bannon (jefe de estrategia de Trump) al New York Times de que los medios representan el “partido de oposición”. Tal vez Bannon sólo quería desconcertar a sus interlocutores, pero sin darse cuenta les recordó también la función crítica que corresponde a los medios. En una democracia saludable, estos interpelan decididamente las políticas y conductas de los funcionarios, con lo que ayudan a la ciudadanía a exigirles rendición de cuentas.

Pero por desgracia, hace mucho que Estados Unidos no tiene medios así. En vez de eso, la prensa ha permitido a sucesivos gobiernos dictarle información sin cuestionarla. Los organismos periodísticos estadounidenses priorizaron el acceso a los círculos del poder por encima de todo, incluso si eso implicaba evitar preguntas incómodas o aceptar respuestas evasivas.

Cuando por ejercitar un “periodismo de acceso” las redacciones se identifican con las élites políticas, la prensa asume como objetivo principal explicar las ideas del gobierno a la opinión pública. Si a eso se le suman las restricciones presupuestarias de los medios, la cobertura política se convierte en una sucesión interminable de frases picantes de políticos y sus delegados, como si se tratara de un canal deportivo cubriendo el campeonato de fútbol.